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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 403

Diego y Elena se sorprendieron al verse.

Pero rápidamente, Elena recuperó la compostura y siguió tomando su jugo. No le importaba lo que Diego hubiera ido a hacer ahí.

Diego, en cambio, apretó los dientes. Él había ido a pedirle disculpas al jefe de los Vargas. Si Elena lo veía humillándose ante Alejandro, se iba a querer morir de vergüenza.

Al notar que Diego tenía ganas de salir corriendo, Hugo le susurró para advertirle:

—Alejandro se regresa a la sede de Ciudad del Norte en un par de días, esta disculpa ya no puede esperar. Además, fueron los del Grupo Romero quienes la regaron primero, ¿a poco te vas a echar para atrás? Es solo ofrecerle un trago y pedirle perdón, no es tan difícil. Por el bien del Grupo Romero, vas a tener que aguantarte.

Aguantarse nunca había sido lo suyo. Diego jamás imaginó que algún día le tocaría rebajarse de esa manera.

Apretó la mandíbula, tragándose el coraje, y acompañó a Hugo a saludar a Alejandro.

—Señor Vargas.

Alejandro asintió con frialdad.

Hugo, sabiendo que a Diego no le daba la cara para hablar, tomó la iniciativa para romper el hielo.

Elena seguía sentada a un lado, bebiendo su jugo en silencio, como si ellos fueran invisibles.

Alejandro volteó hacia el director Olmedo:

—¿Por qué no ha llegado la comida? Director Olmedo, ¿podría checar qué pasa?

—Claro que sí —asintió Olmedo. Justo cuando iba a salir, entraron los meseros con los platillos.

—Mira nomás, hablando del rey de Roma —rio el director Olmedo—. Me ahorraron el viaje.

Hugo y Diego se quedaron parados ahí, totalmente ignorados, como si fueran un adorno más del lugar.

A Diego le quedó clarísimo que Alejandro lo estaba haciendo a propósito.

Siempre que iba a una comida de negocios, todos lo esperaban a él para pedir la orden, y además, él siempre era el centro de atención. Que lo ignoraran de esa manera le pegó justo donde más le dolía: el orgullo.

Una vez que sirvieron toda la comida, Alejandro fingió acordarse de algo y le preguntó a Hugo:

—Ay, casi lo olvido. Ni siquiera le pregunté qué quería comer, señor Valiente. Aquí está el menú, pida lo que se le antoje.

Hugo sabía que, a pesar de su posición, Alejandro no era el tipo de persona que le hiciera la vida imposible a los demás por puro gusto.

Al parecer, Diego de verdad había cruzado la línea esta vez, y por eso a él también le estaba tocando el desprecio.

Estaba incómodo como nunca, pero aun así tuvo que sonreír y seguirles la corriente.

Capítulo 403 1

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