Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 426

Al revisarlos, Elena sintió que esos locales tenían demasiados puntos en contra y le sugirió a su tía que siguiera buscando.

—Yo también creo que no son las mejores opciones —respondió Carmen—. Le pediré al agente inmobiliario que me muestre otras alternativas.

De pronto, a Elena se le vino a la cabeza que la familia Romero era dueña de tres locales comerciales contiguos en Sandpiper Avenue. Era una zona excelente, con muchísimo tránsito de personas y quedaba bastante cerca de la casa de su tía.

Si tiraban las paredes y unían los tres espacios, sería el lugar perfecto para que Carmen abriera su salón de belleza.

Los Romero le debían muchísimo; arrebatarles esas propiedades a modo de compensación era lo justo.

Sin embargo, para lograrlo tendría que hablar directamente con Lucía.

Le envió un mensaje proponiéndole cenar la noche siguiente.

Lucía aceptó de inmediato.

Elena apagó la pantalla, se puso una mascarilla facial y se recostó.

Cuando Alejandro regresó del balcón tras su llamada, al verla tan relajada en el sofá, sonrió y le dejó un beso en el cabello.

Elena se quitó la mascarilla, fue a lavarse la cara al baño y luego regresó para acurrucarse en los brazos de Alejandro, hablándole sobre su familia.

—Aunque no puedo presentarte formalmente con mi abuela todavía, sí me gustaría llevarte a visitar a mi abuelo.

Alejandro enarcó una ceja, intrigado.

—¿Y qué tendría que llevarle para darle una buena impresión?

Elena soltó una carcajada.

—A mi abuelo le encantaba echarse sus tragos. Si le llevamos una botella de buen licor a su tumba, estará más que feliz.

Alejandro le dio un tierno beso en la mejilla.

—Perfecto. ¿Cuándo vamos?

—Este sábado.

—Hecho.

A la mañana siguiente, cuando Carmen se enteró de la visita, no pudo evitar su asombro.

—¿De verdad está dispuesto a ir contigo hasta el pueblo para visitar la tumba de tu abuelo? Diego jamás se dignó a acompañarte ni una sola vez.

Elena sonrió.

—Él es completamente diferente a Diego. Por cierto, tía, no te precipites con lo del local. Se me ocurrió un lugar perfecto, solo dame unos días y te tendré buenas noticias.

Aunque Carmen no tenía idea de qué lugar le estaba hablando, confió en ella.

—De acuerdo, mi niña.

Esa misma noche, al salir del trabajo, Elena se dirigió al restaurante donde había citado a Lucía.

Lucía ya se había reincorporado a la oficina un par de días atrás.

Elena no dudó.

—Quiero los tres locales comerciales contiguos que tienen en Sandpiper Avenue.

Lucía titubeó. Esos locales estaban en una ubicación premium y su valor superaba los treinta millones.

El presupuesto del proyecto HSV-121 ya estaba asfixiando las cuentas; regalar propiedades por treinta millones era como si le arrancaran el corazón.

Elena no le dio tiempo para pensar.

Se puso de pie y sentenció:

—Tengo prisa. Si no quieres hacer negocios, me retiro. Por cierto, en cuanto llegue a casa, destruiré este documento. Si en el futuro me ruegas por ayuda, ni siquiera lo voy a considerar.

Lucía se quedó atónita. No esperaba ver a una Elena tan implacable, sin dejarle ni un milímetro para negociar.

Apretó los dientes y, tragándose su orgullo, aceptó.

—Está bien. Trato hecho.

Elena respondió con firmeza:

—Mañana a primera hora vamos a firmar el traspaso, y en ese instante este documento es tuyo.

Mientras veía esfumarse treinta millones, Lucía sentía que el arrepentimiento la carcomía viva.

Si tan solo Diego se hubiera casado de verdad con Elena en lugar de meterse con la idiota de Adriana... Hoy en día, Elena sería la gallina de los huevos de oro de su empresa, y no tendrían que estar sangrando dinero para rogarle por soluciones.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico