Al día siguiente, Elena pidió permiso en el trabajo y acompañó al asistente de Lucía para hacer el cambio de propietario de los tres locales comerciales.
Al tener las escrituras en sus manos, Elena sintió que el corazón le saltaba de alegría.
Aún no olvidaba las humillaciones que su tía había sufrido por culpa de Lucía; esa era una cuenta pendiente que tenía muy presente.
Y en el futuro, se encargaría de seguir desangrando a la familia Romero.
Cuando Isabel se enteró de que había intercambiado su propuesta por tres locales de los Romero, no pudo ocultar su confusión:
—Pero tu proyecto a la larga les generará muchísimo dinero, ¿no crees que les salió demasiado barato?
Elena sonrió con picardía.
—Este proyecto no es nada sencillo. Estoy segura de que ni siquiera entendieron del todo mi plan de investigación. Más adelante surgirán muchísimos problemas técnicos, obstáculos que Adriana jamás podrá resolver. Además, la verdadera presión financiera llegará en las etapas intermedias y finales del proyecto. Entre más inviertan los Romero, más difícil les será abandonar el barco. Cuando llegue ese momento, vendrán de rodillas a rogarme por un nuevo trato.
Isabel la miró con asombro y admiración.
—Nunca imaginé ver el día en que tuvieras a los Romero comiendo de la palma de tu mano. Amiga, eres increíble.
***
En el Grupo Romero, Diego estaba en una reunión con el departamento de desarrollo. Al enterarse de que el problema técnico se había solucionado, se quedó boquiabierto.
—¿Contrataste a un asesor externo? —le preguntó al vicepresidente Montoya. Adriana aún seguía recuperándose de dar a luz, así que era imposible que ella lo hubiera resuelto.
—Fue la vicedirectora Romero quien nos entregó la solución —respondió Montoya.
Diego parpadeó, sorprendido. ¿Desde cuándo Lucía era tan hábil para esas cosas?
Al terminar la reunión, fue a buscarla a su oficina. Lucía ni siquiera levantó la vista de sus documentos; todavía le guardaba rencor por las veces que él había ignorado sus advertencias.
Tratando de suavizar el ambiente, Diego le preparó una taza de café personalmente y sonrió:
—Lucía, ¿contrataste a un genio externo para esto? Como Adriana no puede seguir a cargo del proyecto por ahora, si esa persona está dispuesta, podemos ofrecerle el doble de sueldo para que sea nuestro asesor principal.
Lucía resopló con molestia.
—Esa persona jamás aceptaría, así que quítate esa idea de la cabeza. El Grupo Romero tendrá que buscar a un verdadero talento para ocupar el puesto de director de desarrollo. Y te lo advierto, no voy a permitir que vuelvas a meter a Adriana en la empresa a causar problemas.
Al ver su tono tajante, Diego decidió no insistir. Supuso que, si lograban convencer o no a ese experto, Lucía seguramente tendría un as bajo la manga para resolver cualquier crisis futura, así que no tenía de qué preocuparse. Definitivamente, la empresa no podía funcionar sin ella.
***
Al salir del trabajo, Elena se encontró con Diego en la entrada del edificio. Instintivamente, dio media vuelta para evitarlo.

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