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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 439

Adriana lo vio como su salvavidas, con la esperanza de que la ayudara a salir de ese problema.

Sin embargo, Elena levantó de repente su teléfono y le dirigió una sonrisa provocadora.

La sonrisa de Adriana se congeló al ver el número de emergencias en la pantalla.

No, no podía arriesgarse.

Si Diego de verdad se negaba a salvarla, terminaría en la cárcel, igual que su madre.

Apretó los dientes y, ahogada en vergüenza e indignación, habló frente a todos los invitados:

—Hoy... quiero aprovechar la ocasión para pedirle disculpas sinceras a Elena.

Beatriz, que sostenía al bebé en brazos, frunció el ceño con disgusto al escuchar su voz.

¿Qué le pasaba a Adriana? ¿Cómo se atrevía a pedirle perdón a Elena en la celebración de su querido nieto?

Diego también estaba sorprendido.

Aunque no sabía qué estaba ocurriendo, no podía permitir que su esposa hiciera el ridículo de esa forma.

Así que intentó subir al escenario para detenerla.

Al darse la vuelta, vio a Elena de pie no muy lejos y se quedó paralizado.

¿Qué hacía ella allí?

Hoy era la celebración del primer mes del niño. Si a alguien se le escapaba algo, ¿se enteraría Elena de la verdad?

Olvidándose por completo de Adriana, se dirigió hacia Elena con la intención de explicarse.

Con voz temblorosa, Adriana continuó:

—Durante la competencia de diseño, acusé falsamente al equipo del Grupo Vargas de plagio y critiqué a Elena diciendo que no merecía su puesto... Todo fue un error de mi parte y quiero disculparme...

»Además... también mandé a alguien a que atropellara a Elena. Le causé mucho daño y, por ello, le ofrezco mis más sinceras disculpas... Reconozco mi error.

Al terminar, el salón quedó en un silencio sepulcral. Todos la miraban con expresiones de extrañeza.

Adriana podía adivinar lo que estaban pensando.

Esa gente la despreciaba y se burlaba de ella.

Su mirada se posó en Diego, quien acababa de llegar.

Él la miraba incrédulo, con una mezcla de emociones indescriptible.

Adriana siempre se había esforzado por mantener la imagen de una mujer pura, bondadosa y considerada frente a él.

Ahora que su fachada se había derrumbado por completo, su mente quedó en blanco.

El pánico y la ansiedad la abrumaron de tal forma que todo se volvió negro a su alrededor y se desmayó.

A Diego le pareció todo tan absurdo.

¿Cómo era posible que Adriana hubiera hecho algo así en contra de Elena?

Tras un instante de confusión, recordó que, a pesar de todo, Adriana era la madre de su hijo. No podía abandonarla.

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