Elena escuchó en silencio la conversación, sintiendo una profunda ironía.
Diego juraba amarla, pero después de enterarse de que Adriana la había lastimado, seguía eligiendo proteger a esa mujer.
En ese instante, Diego vio a Elena de pie en la terraza y todo su cuerpo se tensó.
Apretó los labios, a punto de caminar hacia ella, pero Adriana lo detuvo tirando de su brazo.
—Diego, Elena ya lo sabe todo. Seguramente nos odia. ¿Por qué no hablas con ella de una vez y le dejas claro que ya no quieres estar a su lado? —le rogó Adriana.
Diego frunció el ceño, molesto.
—Lo que pasa entre nosotros no afecta mis sentimientos por Elena. Hablaré con ella para aclarar las cosas. Tú regresa a la habitación y descansa.
Al ver que él se alejaba, Adriana le lanzó a Elena una mirada cargada de resentimiento antes de dar media vuelta y marcharse.
Elena jamás imaginó que Diego tendría el descaro de plantarse frente a ella con tanta tranquilidad. Internamente, casi admiraba su nivel de cinismo.
Diego la miró, fingiendo esa misma expresión de enamorado empedernido de siempre. —Elena, tienes que escucharme. Las cosas no son como parecen. Nunca quise lastimarte, pero mi familia me presionó tanto que no tuve otra opción.
—¿Te presionaron para que fingieras nuestra acta de matrimonio? —respondió Elena, soltando una carcajada amarga—. ¿De verdad crees que soy tan estúpida? Diego, deja de culpar a los demás por tus errores. Solo te hace lucir como un cobarde.
Diego suspiró, haciéndose la víctima.
—Elena, no lo entiendes. Para poder estar contigo, le rogué de rodillas a mi madre durante días, hasta dejé de comer. Pero ella se negó a ceder. Al final, mi hermana me sugirió que consiguiéramos un acta falsa y viviéramos juntos, prometiendo que si pasabas las pruebas de la familia, lo haríamos oficial.
—Al principio, mi madre empezó a aceptarte, pero resultó que no podías quedar embarazada... y por eso se negó rotundamente a que tuviéramos un matrimonio de verdad.
Elena lo miró con asco.
—¿Así que ahora es mi culpa? Y lo de acostarte con Adriana, ¿también fue porque tu madre te lo exigió?
Diego continuó con sus excusas:
—Eso también fue un malentendido. En su momento creí que Adriana me había salvado del incendio... por eso me sentía en deuda y la trataba tan bien. Aunque luego descubrí que fuiste tú, ya nos habíamos involucrado íntimamente y ella quedó embarazada. Elena, a la que más amo es a ti, pero soy un hombre y debo hacerme cargo de mi hijo. Además, la familia Romero necesita un heredero y no podía permitir que mi hijo fuera ilegítimo. Por eso me casé por el civil con Adriana.

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