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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 444

A Alejandro le fascinó escucharla decir eso, y de pronto sintió un impulso incontrolable de besarla.

Pero al notar lo impecable que estaba su maquillaje, decidió no arruinarlo y depositó un suave beso en su cabello.

—Señorita Navarro, estoy contando los segundos para convertirme en tu esposo ante la ley.

Juntos se dirigieron al registro civil.

Tras firmar el acta de matrimonio, se tomaron una foto para conmemorar el momento.

En la imagen, se veían verdaderamente espectaculares juntos.

Elena sonrió y comentó:

—Aún no me creo que nos hayamos casado de verdad. Si tu madre se entera, ¿se pondrá furiosa?

Alejandro guardó el acta de matrimonio en el bolsillo interior de su traje, luego tomó la mano de Elena y la miró con una sonrisa llena de satisfacción.

—El que se casó fui yo, no ella. Además, cuando ella decidió casarse en su momento, tampoco le hizo caso a mi abuela. En cierto modo, debería entenderme. Sin importar cuán racional sea una persona, el amor siempre te empuja a tomar decisiones guiadas por el corazón.

Elena levantó una ceja, intrigada.

—Y yo que pensaba que habías reflexionado mucho antes de decidir casarte conmigo.

Alejandro no pudo resistirse más, se inclinó y la besó en los labios con profunda ternura.

—Cuando estoy contigo, Elena, mantener la razón es lo último que me importa.

Él era un hombre de carne y hueso, y frente a la mujer que amaba, también experimentaba un torbellino de emociones.

Solo que sabía disimularlo muy bien.

Ya no era un adolescente inexperto. Aunque por dentro su corazón latiera desbocado, sabía que debía mantener la compostura y comportarse como un caballero para darle el respeto que ella merecía.

Un torrente de emociones descontroladas y posesivas podía resultar agobiante.

Y él quería asegurarse de que ella siempre se sintiera amada y cómoda a su lado.

Al salir del registro civil, se dirigieron a una joyería exclusiva para elegir sus anillos.

A Elena nunca le habían gustado las joyas exageradas, así que eligió una sortija de diseño sencillo y elegante.

Alejandro escogió la versión masculina para que ambos hicieran juego.

El anillo de Elena venía en un conjunto con un collar y una pulsera que le parecieron hermosos, por lo que decidió llevarse todo.

Al momento de pagar, Elena sacó su propia tarjeta de crédito.

Alejandro levantó una ceja, sorprendido.

—¿No dejarás que yo lo pague?

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