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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 529

—Director Valiente —comenzó Alejandro, con voz gélida—, ¿no le parece que se está metiendo demasiado en el proyecto del inhibidor de PD-1? Nosotros somos los inversionistas, no científicos. Las decisiones sobre la asignación del personal deberían dejarse en manos del equipo técnico.

Hugo entendió de inmediato. Alejandro estaba llamando para defender a Elena.

Le sorprendió que ella hubiera corrido a quejarse tan rápido. Efectivamente, era una mujer calculadora y manipuladora.

—Alejandro, te olvidas de que yo no soy un ignorante en la materia; estudié farmacología. Y, a mi juicio, el nivel técnico de Eulalia es muy superior al de Elena, lo que la hace la líder ideal para este proyecto. Esa es mi evaluación profesional como inversionista.

—¿Su decisión fue completamente objetiva y sin ninguna atadura emocional? —replicó Alejandro, dejando escapar una risa burlona.

Hugo no flaqueó.

—Como sea, la señora Moreno y yo votamos por Eulalia. Así que, aunque insistas en Elena, el cambio de personal ya es definitivo.

—Espero que no se arrepienta de esto.

—Te aseguro que no lo haré. Eulalia tiene una maestría de una de las mejores universidades en el extranjero y experiencia sólida en proyectos importantes. Es la elección lógica. Elena es solo una estudiante universitaria que no sería nada sin el profesor Álvarez detrás de ella.

El rostro de Alejandro se endureció por completo.

—Está claro que tiene un prejuicio personal contra ella. Si se hubiera molestado en leer uno solo de los artículos o las propuestas de investigación de Elena, jamás se atrevería a decir semejante barbaridad. Pero si insiste en usar a Eulalia, no discutiré más. Sin embargo, le advierto: si en tres meses Eulalia no presenta resultados claros y medibles, exigiré un reemplazo inmediato. De lo contrario, el Grupo Vargas retirará todo su capital y se desligará por completo del proyecto.

Hugo dudó un segundo, pero su ego pudo más.

—De acuerdo. Estoy seguro de que Eulalia te demostrará de lo que es capaz.

Tras colgar, Alejandro regresó a la sala.

Elena estaba jugando con Chispa. Al notar el semblante serio de Alejandro, levantó la mirada.

—¿Estás de mal humor? ¿La persona con la que hablabas te hizo enojar?

Alejandro asintió, sin molestarse en ocultarlo.

Beatriz y las tres hermanas Romero dirigieron toda su furia hacia Adriana Castillo, exigiéndole que asumiera la culpa.

Lucía era la más enfurecida. En ese momento, respirar el mismo aire que Adriana le causaba repulsión.

—Adriana —le gritó—, desde el principio dije que el HSV-121 requería una inversión masiva y que Diego debía analizarlo a fondo antes de meter un solo centavo. Pero fuiste tú la que insistió e hizo que metiera el dinero de la familia. Yo busqué a Elena para que nos diseñara el plan y traté de convencerla de liderarlo, pero tú, en tu infinita arrogancia, exigiste ser la jefa del proyecto asegurando que lo tenías todo bajo control. Y ahora, ¿dónde están tus soluciones? Te escondes como cobarde mientras el Grupo Romero asume las pérdidas. ¿No tienes vergüenza?

Adriana, apretando los dientes, se llevó la mano al vientre, dispuesta a fingir un desmayo, pero Lucía la agarró del brazo, impidiéndole hacer su teatrito.

—Todos los proyectos tienen riesgo de fracaso —respondió Adriana, furiosa—. Este era particularmente difícil, es normal que surjan contratiempos. Y estoy buscando soluciones. Solo denme algo de tiempo, encontraré la forma.

—¿Ah, sí? ¿Y cuánto tiempo necesitas? ¿Acaso tienes la menor idea de cuántos millones perdemos por cada día que el proyecto está congelado? Por tu culpa mi hermano terminó en una cama de hospital. Eres una desgracia para esta familia. Casarse contigo ha sido la peor maldición en la vida de Diego.

Adriana levantó la barbilla y sacó el vientre.

—¡Le voy a dar un hijo a esta familia! Eso también es una contribución. Tú ya estás casada, no deberías meterte en los asuntos del Grupo Romero. Si Diego no me culpa, ¿qué derecho tienes tú de insultarme?

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