Elena dejó de darle vueltas al asunto de Diego y se sumergió por completo en su trabajo en el laboratorio.
Después de una jornada agotadora, regresó a su departamento. Justo cuando iba a pedir algo de cenar, entró una llamada de Isabel.
—Elena, a ese cabrón por fin le llegó el karma.
Elena se quedó confundida y esperó a que continuara.
Con un tono lleno de satisfacción, Isabel le contó el desenlace de la historia.
Como Tomás tenía el respaldo de Diego, no había forma de hundirlo por la vía legal.
Así que Isabel le pidió a su novio que le hiciera el favor de darle una buena golpiza a Tomás. Le rompieron ambas piernas y ahora estaba postrado en un hospital.
El novio de Isabel tenía conexiones tan turbias como eficaces, así que la familia Castillo jamás dio con los responsables y no les quedó más que aguantarse la rabia.
Por si fuera poco, su novio hizo que le llegara una advertencia directa al jefe del despacho.
El día de ayer, el mismísimo jefe se presentó en casa de Isabel a rogarle que volviera al trabajo. Había sido una venganza que le supo a gloria.
A pesar de todo, Elena sintió un poco de inquietud.
—Isabel... tu novio suena como alguien bastante peligroso. ¿No vas a salir perjudicada metiéndote con alguien así?
—¡Ay, por favor! —respondió Isabel con total indiferencia—. Mis relaciones siempre han sido por conveniencia mutua, da igual con quién ande. Además, me ayudó a resolver esto. Tú no te apures por mí. Lo importante es que se hizo justicia y se siente increíble, ¿a poco no?
Elena seguía preocupada, pero como Isabel no quiso darle más detalles de su novio, no insistió.
Por su ritmo de trabajo en la investigación, Elena llevaba dos semanas desvelándose. Eso, sumado a los cambios de clima, provocó que se enfermara.
El viernes por la mañana, cuando sonó su alarma, abrió los ojos y sintió que la habitación le daba vueltas.
Se tomó la temperatura: 39 grados.
Como estaba embarazada, no podía tomar cualquier medicamento. Haciendo un esfuerzo enorme, se levantó y se pasó agua tibia por el cuerpo para ver si así le bajaba un poco la fiebre.
Pero la fiebre no cedía.
Medio adormilada, pidió por una aplicación unos medicamentos especiales para bajar la fiebre en embarazadas.
Cuando sonó el timbre, caminó como pudo hasta la puerta, arrastrándose casi por puro esfuerzo.
Al abrir, sus piernas no aguantaron más y se desplomó.
El repartidor, asustado, llamó de inmediato a una ambulancia.
Cuando Elena abrió los ojos, se encontró en la cama de un hospital.
Elena pensó en Diego, quien seguramente estaba consintiendo a Adriana en ese preciso momento. El corazón que tanto se había esforzado por endurecer volvió a dolerle sin remedio.
A la mañana siguiente, ya sin fiebre, despidió a la cuidadora y pidió su alta para volver a casa.
Al ir caminando por el pasillo de la planta baja del hospital, se topó de frente con Valentina y Adriana.
Valentina la miró con asco.
—¿Qué haces tú aquí? ¿Ya te enteraste de lo que le pasó a tu hermano? Cada vez que apareces, a esta familia le cae una desgracia.
Elena aún se sentía débil y sin energía para lidiar con ellas. Dio media vuelta para irse.
Pero Adriana se adelantó y la agarró fuerte de la muñeca.
—Elena, ¿ya vas a dejar de acosar a Diego? ¿Tantas ganas tienes de meterte de tercera en discordia en nuestra relación?
Elena la fulminó con la mirada.
—¡Tú sabes perfectamente quién es la metiche aquí! Yo llevo mucho más tiempo con Diego que tú.
Adriana notó que Elena, por puro instinto, se cubría el vientre con el brazo, y una idea inquietante le cruzó por la cabeza.
Sin pensarlo dos veces, le tiró un manotazo para arrancarle el expediente médico que llevaba en la mano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....