Para Hugo, mientras Eulalia llevara el título de su hija, ella era intocable. El mundo podía arder antes de que él permitiera que su reputación se manchara.
Eulalia exhaló aliviada, sabiendo que tenía un escudo blindado protegiéndola.
Una vez que le enyesaron el brazo a la pequeña Ariadna, Elena acompañó a su tía de regreso a casa.
Carmen seguía echando humo.
—¡Esa mujer es un peligro andante, Elena! Te apuesto lo que quieras a que no es la primera vez que maneja borracha. Si se sale con la suya, alguien va a terminar muerto.
—Tranquila, tía. Ya hice la denuncia. Esa calle está llena de cámaras de seguridad, no tiene por dónde escapar —aseguró Elena.
Sin embargo, apenas cruzó la puerta de su apartamento, recibió una llamada de la estación de policía.
Le informaron que acababan de tomarle la declaración a Eulalia y le habían practicado la prueba de alcoholemia, pero el resultado fue cero. Peor aún, los peritos concluyeron que, según los videos, no había pruebas contundentes de exceso de velocidad.
Sin evidencia de manejo peligroso, el caso no podía proceder por la vía penal. Eulalia ya estaba libre, descansando en su casa.
Una ola de indignación hirvió en la sangre de Elena.
Era evidente que el director Valiente había movido sus hilos y comprado el tiempo suficiente para que el alcohol desapareciera de su sistema.
Frustrada, llamó a Javier para evaluar sus opciones.
—Javier, si llevamos esto a un tribunal civil, ¿qué probabilidades hay de hundirla?
Javier fue brutalmente honesto.
—Al no haber registro de alcoholemia, la fiscalía no lo tomará como conducción temeraria. Sumado a eso, las lesiones de la niña no se consideran gravísimas a nivel legal. Lo más probable es que un juez solo la obligue a pagar una multa por responsabilidad civil. Olvídate de meterla a la cárcel, Elena.
Ella apretó los labios hasta que se le pusieron blancos.
¿De verdad esa mujer iba a salirse con la suya tan fácilmente?
Cuando Alejandro llegó y notó la tensión en los hombros de su esposa, le preguntó qué había ocurrido.
Elena le contó todo, con la voz temblando de rabia.
—¡Ariadna es solo una niña! Verla sufrir por culpa de la irresponsabilidad de Eulalia... y que esa tipa se ría en nuestras caras gracias al maldito dinero de Hugo... Me hierve la sangre, Alejandro. No es justo.
Alejandro la escuchó en silencio, sus ojos oscureciéndose con frialdad.
—La justicia legal no la alcanzará hoy, es cierto. Pero conozco otras formas de hacer que pague. Te prometo que te vas a sentir mucho mejor.
—¿Qué piensas hacer?
Alejandro le dio una sonrisa enigmática.
Su cuerpo cayó de espaldas, estrellándose contra el agua helada de la piscina.
Tragó agua al instante y empezó a manotear, gritando por ayuda.
Buscó desesperadamente al hombre que la acompañaba, pero había desaparecido en las sombras.
El pánico se apoderó de ella. Sus ropas pesaban como plomo y sus pulmones ardían. A medida que la oscuridad la envolvía y el abismo de la muerte le rozaba los talones, unos brazos la agarraron por el cabello y la arrastraron fuera.
Cuando Hugo recibió la noticia de que Eulalia estaba en terapia intensiva tras casi ahogarse por estar ebria, se quedó petrificado.
Sabía que a ella le encantaba la fiesta, pero jamás imaginó que fuera tan inútil como para terminar al borde de la muerte por su propia negligencia.
No sintió ni una pizca de compasión, solo una profunda molestia.
—¡Qué mujer tan estúpida! —rugió en su oficina—. En lugar de perder el tiempo ahogándose en alcohol, debería estar ganándose el favor de Bianca. ¡Menos mal que esto no se filtró a la prensa, o me hubiera hundido en la vergüenza!
Ni siquiera se molestó en ir al hospital. Envió a su asistente con una orden clara.
—Dile a Eulalia que en cuanto pueda pararse, deje la bebida de inmediato. Si me entero de que vuelve a tomar, le corto todos los fondos y bonos mensuales. ¿Entendido?
—Sí, señor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....