Por la tarde, Elena estaba inmersa en la redacción de su plan cuando el asistente de Fernando salió corriendo de la oficina principal.
—¡El profesor se desmayó! ¡Santiago, rápido, ayúdame a llevarlo al hospital!
Santiago no perdió un segundo. Entró corriendo, se echó a Fernando a la espalda y corrió hacia la salida.
Elena y los demás los siguieron a toda prisa.
Después de una serie interminable de exámenes de emergencia, el médico salió a darles el diagnóstico.
—El paciente sufrió una isquemia cardíaca inducida por agotamiento extremo, acompañada de arritmia paroxística. Debe ser ingresado de inmediato para un monitoreo electrocardiográfico continuo de 24 horas. Durante su estadía, deberá mantener reposo absoluto para evitar que su cuadro empeore.
Elena miró a su mentor con el corazón encogido.
Dentro del laboratorio, nadie trabajaba más que Fernando. No solo dirigía las investigaciones, sino que supervisaba al equipo y gestionaba las relaciones con entidades externas.
Someterse a esa presión sin un descanso adecuado finalmente le había pasado factura.
El asistente contactó a la familia del profesor para que vinieran a cuidarlo.
Esa misma noche, Fernando recuperó el conocimiento. Al ver que gran parte del equipo seguía ahí, frunció el ceño.
—¿Qué hacen todos aquí perdiendo el tiempo? ¿Acaso no hay experimentos pendientes en el laboratorio?
—Profesor, se desmayó en plena oficina —dijo Santiago con preocupación—. Estábamos demasiado asustados para irnos.
Acostumbrado a poner su trabajo por encima de todo, Fernando intentó negociar su alta con el médico para la mañana siguiente, pero su familia se lo prohibió rotundamente. Al final, admitiendo que apenas tenía fuerzas para moverse, se resignó a quedarse.
Desde la cama, organizó las prioridades de los próximos días y miró a su equipo.
—Mientras esté ingresado, toda la coordinación y administración del laboratorio estará a cargo de Santiago y de Elena.
Todos asintieron en señal de acuerdo.
Excepto Natalia, que apretaba los puños, furiosa.
¿Elena llevaba a penas un par de meses en el proyecto y ya estaba al mismo nivel que Santiago?
Para Natalia, esto solo confirmaba que Elena era una experta en manipular al profesor Álvarez para ganarse su favor.
Decidida a no quedarse atrás, Natalia empezó a ir al hospital todos los días después del trabajo para visitar a Fernando, esperando congraciarse con él.
Sin embargo, el veterano profesor no tuvo pelos en la lengua. Detectando sus intenciones al instante, la reprendió duramente y le exigió que se enfocara en la ciencia en lugar de buscar atajos baratos.
Humillada, Natalia no volvió a pisar el hospital.
Llegó el sábado por la mañana, y Elena aprovechó para ir a ver a su jefe y darle un informe rápido de los avances.
Al entrar a la habitación, se encontró con Hugo, Eulalia y el director Medina.
Elena saludó cordialmente al director Medina. A Hugo y a Eulalia apenas les dedicó un asentimiento frío y distante, y se mantuvo a un lado.
A Hugo le irritó profundamente su falta de interés y resopló con desdén.
Ahora que Eulalia era públicamente su hija, Hugo estaba convencido de que Elena la había atacado por celos, resentida por el cariño que Bianca le daba a la joven.
Eulalia se apresuró a intervenir, haciéndose la víctima.
—Fue un accidente mío... Papá, por favor, no la culpes a ella.
Ignorando el drama, Elena tomó el cuchillo, peló y cortó una manzana con una agilidad impresionante y, sin dejar de moverse, miró a Eulalia con desprecio.
—Señorita, si no sabe usar un cuchillo, mejor practique en su casa en lugar de dar pena ajena. ¿No puede sostener una herramienta y encima le echa la culpa a quien se la pasa? A ese paso, debería ir a demandar al de la ferretería que le vendió el cuchillo.
Puso los trozos de manzana en un plato y los miró a ambos con asco.
—Mi tiempo vale dinero. No tengo paciencia para jugar a las telenovelas baratas con ustedes.
Levantó la mano y señaló una esquina del techo.
—Ahí hay una cámara de seguridad. Si está tan seguro de que acuchillé a su adorada hija, señor Valiente, consiga la grabación y mándeme a sus abogados. Me encantaría verlos en los tribunales.
Sin esperar respuesta, dio media vuelta y regresó a la habitación.
Eulalia se quedó en silencio, con la mano sangrando y la cara roja de humillación.
Hugo, por el contrario, estaba más indignado que antes.
¡Qué mujer tan prepotente y vulgar! ¿Qué le ven Bianca y Alejandro a alguien así?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....