Al ver que la señora Vargas se acercaba a atender a otros invitados, Isidora caminó en dirección a Eulalia.
Eulalia la vio y esbozó una amplia sonrisa.
—Isidora, esta es la primera vez que nos vemos formalmente, ¿verdad? Eres realmente hermosa.
Intentó estrecharle la mano.
Isidora no le correspondió el gesto. En su lugar, soltó una risa burlona.
—Ven conmigo, tengo algo que decirte.
Eulalia retiró la mano y la siguió hasta la sala de descanso.
Tan pronto como la puerta se cerró, Isidora espetó, exasperada:
—Eulalia, ¿por qué viniste a Ciudad del Norte? ¿Acaso no te dije que convencieras a mi madre de irse al extranjero lo antes posible? Y otra cosa, últimamente has estado usando la tarjeta de crédito de mi madre para gastar una fortuna. No eres más que un vil reemplazo, ¿con qué derecho gastas el dinero de mi madre?
Eulalia soltó una carcajada. Le parecía el colmo de la ironía.
Era cierto que ella era un reemplazo, pero Isidora no era más que una hija adoptiva. ¿Qué derecho tenía ella de darle lecciones de moral?
—Fue mamá quien me dio el dinero por iniciativa propia para que lo gastara, no se lo pedí. Además, si vine a Ciudad del Norte, fue porque ella me trajo. En cuanto a convencerla de irse al extranjero, hice lo que pude, pero si no quiere irse, no puedo obligarla.
Isidora sintió que solo le estaba dando excusas baratas. Su ira estalló.
—¿No tienes miedo de que revele tu verdadera identidad y te eche a la calle?
Eulalia ya había analizado perfectamente el juego de intereses que las unía. Sonrió con frialdad.
—¿Te atreverías? Ahora mismo estamos en el mismo barco. Si me delatas, yo también puedo abrir la boca y contar todas las porquerías que has hecho. Si yo no puedo ser la hija de Bianca, ¿crees que tú sí podrás?
Tras decir eso, un destello de crueldad cruzó por sus ojos.
—Isidora, tenemos el mismo objetivo: queremos conservar nuestro estatus y disfrutar de esta vida de lujos. Lo mejor será que cooperemos. De lo contrario, no me importará hundirte conmigo.
Isidora había pensado que sería fácil controlar a Eulalia, pero jamás imaginó que su ambición fuera tan desmedida.
Al ver que la había dejado sin palabras, Eulalia continuó con una sonrisa:
—También me interesa mucho Alejandro. Pero no te preocupes, soy una mujer de mente abierta. Podemos competir limpiamente por él, que gane la mejor.
Isidora la fulminó con la mirada.
Había querido usar a Eulalia para deshacerse de Elena, pero en su lugar, había metido a un lobo en su propia casa.
Temiendo que la situación se saliera completamente de control, Isidora no tuvo más remedio que contactar a su hermana para pedirle ayuda y frenar a Eulalia.
Pronto, recibió una respuesta en su teléfono.
—Isidora, mi trabajo aquí termina en un mes. Cuando regrese, te ayudaré a darle una buena lección a esa tal Eulalia. Sé paciente y espérame.
Al leer que por fin iba a volver, Isidora sintió que un peso se le quitaba de encima.
—Hermana, espero con ansias tu regreso.

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