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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 600

—Sí, está muy guapo. Si tuviera que calificarlo del uno al diez, le daría un nueve.

Las demás colegas también empezaron a dar sus calificaciones.

Alguien se dirigió a ella:

—¿Tú qué opinas, Elena?

Elena le echó un vistazo al chef y pensó que el hombre que tenía en casa era mucho más atractivo, pero por cortesía decidió seguirles la corriente.

—Sí, yo también le pondría un nueve.

Otra colega preguntó con curiosidad:

—Elena, con lo bonita que eres, si tuvieras que buscar novio, ¿te fijarías más en el físico o en el talento?

Todos los hombres presentes en la mesa voltearon a verla.

Elena pensó en Alejandro y solo sonrió sin responder.

Antes creía tener una lista de requisitos ideales para una pareja, pero ahora sabía que Alejandro era el estándar mismo.

Para el quinto día en Ciudad Marazul, Elena ya había adelantado casi todo su trabajo.

Compró un boleto de avión para primera hora de la mañana, puso la alarma a las cinco y se preparó para dormir.

De repente, alguien llamó a la puerta.

Ella no había pedido servicio a la habitación y era poco probable que algón colega fuera a buscarla a esa hora.

Sintió un ligero escalofrío. Estaba a punto de llamar a la recepción cuando sonó su teléfono.

Era Alejandro.

Al contestar, escuchó su voz grave y profunda.

—Estoy en la puerta de tu habitación.

Se quedó de una pieza, pero corrió de inmediato a abrir. Al ver su rostro, una inmensa alegría la invadió.

No pudo evitar lanzarse a abrazarlo para comprobar que de verdad estaba ahí.

Alejandro la rodeó por la cintura, esbozando una sonrisa.

—Te extrañaba muchísimo.

Elena levantó la mirada y lo besó.

—Yo también.

Él le correspondió el beso mientras entraba a la habitación sin soltarla.

La puerta se cerró tras ellos y el ambiente se llenó de deseo.

La respiración de Alejandro estaba algo agitada.

—Déjame darme un baño primero.

Ella no quería soltarlo; lo miraba con ojos llenos de amor.

Alejandro le dio otro beso rápido, suspiró profundamente y entró al baño.

Salió en menos de cinco minutos y volvió a estrecharla entre sus brazos.

No se habían visto en cinco días; ambos sentían la urgencia de fundirse el uno con el otro.

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