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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 599

Alejandro echó un vistazo al frente y le dijo a Elena:

—Voy a colgar, te marco cuando llegue a casa.

—¿Paso algo malo? —preguntó ella, preocupada.

—La lluvia está muy fuerte y el chofer no vio un obstáculo en el camino, por eso frenó de golpe. No te preocupes.

Terminó la llamada.

—¿Qué sucede? —le preguntó Alejandro al chofer.

—Hay un auto atravesado, parece que está averiado.

El guardaespaldas bajó a investigar.

Cuando regresó, una mujer lo seguía.

Alejandro bajó la ventanilla y reconoció a Eulalia.

Estaba empapada; la ropa y el cabello se le pegaban al cuerpo, dándole un aspecto lastimero.

Lo miró con ojos suplicantes.

—Director Vargas, mi auto se descompuso y es imposible conseguir un taxi por aquí. Podría llevarme a mi casa?

Todo el mundo decía que Alejandro era un caballero.

Eulalia apostaba a que le ofrecería ayuda.

Pero, para su sorpresa, él la rechazó con absoluta frialdad.

—No es posible, señorita Guzmán.

Luego se dirigió a su guardaespaldas:

—Pídele un taxi.

—Enseguida —asintió el hombre.

Al ver su actitud tan distante, Eulalia se mordió el labio, se aferró al borde de la ventanilla y rogó con voz débil:

—Director Vargas, de verdad me muero de frío y me siento mal. ¿No puedo subir un momento solo para entrar en calor?

Alejandro le dirigió una mirada indiferente, curvando los labios en una sonrisa sarcástica.

—Señorita Guzmán, esta no es la ruta para ir del instituto a su casa. El hecho de que pasara por aquí y que casualmente su auto se averiara justo antes de que el mío llegara... ¿de verdad espera que crea que fue un accidente?

Eulalia se quedó helada. No esperaba que él fuera tan perspicaz ni que dejara en evidencia sus verdaderas intenciones de manera tan cruda.

El guardaespaldas la apartó del vehículo.

—Yo le pediré el taxi, señorita Guzmán. Por favor, espere aquí unos minutos.

Al ver cómo el auto de Alejandro se alejaba, Eulalia sintió una ola de frustración y resentimiento.

Elena había estado esperando la llamada de Alejandro.

Quince minutos después, sonó el teléfono.

Al contestar la videollamada, vio que él se estaba cambiando de ropa.

Tenía una figura envidiable, con hombros anchos y cintura firme.

Elena se quedó admirando la vista por unos segundos antes de recordar la situación.

—¿Qué pasó hace rato?

Ya con su ropa de casa puesta, él le explicó:

—Me topé con Eulalia. Su auto se descompuso en el camino.

Elena dedujo de inmediato las intenciones de la otra mujer y, sin poder aguantar la risa, le preguntó:

—¿No caíste en sus redes?

Alejandro sonrió.

—Cuáles redes? Me daba miedo que ensuciara mi auto.

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