El día anterior, Isidora la había llamado y le había ordenado que le destrozara la mano a Héctor para arruinarle su carrera.
Ella no quería hacerlo, pero Isidora la amenazó con sacar a la luz su caótico pasado. No tuvo más remedio que obedecer.
El lugar era un punto ciego de las cámaras de seguridad. Además, Héctor estaba demasiado ebrio como para reconocerlos. Estaba segura de que, al despertar, jamás daría con ellos.
***
Cuando Elena se enteró de que Héctor estaba herido, fue a visitarlo al hospital en cuanto terminó su jornada laboral.
Acostado en la cama, Héctor tenía la mirada baja y observaba en silencio su mano izquierda lastimada.
Amelia estaba sentada a su lado; tenía los ojos rojos y lo miraba llena de preocupación.
Esa mañana, tras despertar y escuchar el diagnóstico del doctor, Héctor se había quedado mudo. Amelia, sintiendo un nudo en la garganta, rompió el silencio:
—Héctor, te juro que encontraremos a un mejor especialista para tratar tu mano.
Él la interrumpió abruptamente.
—Amelia, deberíamos terminar.
Ella lo miró sin poder creerlo.
—¿De qué estás hablando, Héctor? ¿Me vas a dejar así como así?
Él esbozó una sonrisa cargada de amargura.
Creía que tenía un futuro brillante y que podría darle a Amelia la vida que merecía.
Pero ahora que su mano estaba destrozada, su capacidad para investigar y su vida diaria se verían severamente afectadas. No quería ser una carga para ella.
Amelia se limpió las lágrimas, furiosa.
—Crees que serás una carga, ¿verdad? Pues el dinero no me falta. Si no puedes trabajar, ¡yo te mantengo!
—Amelia, mereces algo mucho mejor —dijo él en voz baja.
Ella se abalanzó y lo abrazó con fuerza.
—¡Pero para mí, tú eres el mejor!
Cuando Elena entró a la habitación, los encontró abrazados y dudó si quedarse o salir.
Al verla, Amelia soltó a Héctor de inmediato.
—Elena, qué bueno que viniste.
Elena se acercó a la cama.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Quién te hizo esto? ¿Ya denunciaste a la policía?
Héctor explicó:
—Vi a dos hombres acosando a una mujer en el pasillo, traté de ayudarla y terminé así. Había bebido bastante y todo me daba vueltas, así que no logré verles el rostro. Además, el personal del hotel dice que justo ahí no hay cámaras.
Elena frunció el ceño.
Todo sonaba demasiado premeditado.
Era obvio que querían arruinar a Héctor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico