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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 602

El día anterior, Isidora la había llamado y le había ordenado que le destrozara la mano a Héctor para arruinarle su carrera.

Ella no quería hacerlo, pero Isidora la amenazó con sacar a la luz su caótico pasado. No tuvo más remedio que obedecer.

El lugar era un punto ciego de las cámaras de seguridad. Además, Héctor estaba demasiado ebrio como para reconocerlos. Estaba segura de que, al despertar, jamás daría con ellos.

***

Cuando Elena se enteró de que Héctor estaba herido, fue a visitarlo al hospital en cuanto terminó su jornada laboral.

Acostado en la cama, Héctor tenía la mirada baja y observaba en silencio su mano izquierda lastimada.

Amelia estaba sentada a su lado; tenía los ojos rojos y lo miraba llena de preocupación.

Esa mañana, tras despertar y escuchar el diagnóstico del doctor, Héctor se había quedado mudo. Amelia, sintiendo un nudo en la garganta, rompió el silencio:

—Héctor, te juro que encontraremos a un mejor especialista para tratar tu mano.

Él la interrumpió abruptamente.

—Amelia, deberíamos terminar.

Ella lo miró sin poder creerlo.

—¿De qué estás hablando, Héctor? ¿Me vas a dejar así como así?

Él esbozó una sonrisa cargada de amargura.

Creía que tenía un futuro brillante y que podría darle a Amelia la vida que merecía.

Pero ahora que su mano estaba destrozada, su capacidad para investigar y su vida diaria se verían severamente afectadas. No quería ser una carga para ella.

Amelia se limpió las lágrimas, furiosa.

—Crees que serás una carga, ¿verdad? Pues el dinero no me falta. Si no puedes trabajar, ¡yo te mantengo!

—Amelia, mereces algo mucho mejor —dijo él en voz baja.

Ella se abalanzó y lo abrazó con fuerza.

—¡Pero para mí, tú eres el mejor!

Cuando Elena entró a la habitación, los encontró abrazados y dudó si quedarse o salir.

Al verla, Amelia soltó a Héctor de inmediato.

—Elena, qué bueno que viniste.

Elena se acercó a la cama.

—¿Qué fue lo que pasó? ¿Quién te hizo esto? ¿Ya denunciaste a la policía?

Héctor explicó:

—Vi a dos hombres acosando a una mujer en el pasillo, traté de ayudarla y terminé así. Había bebido bastante y todo me daba vueltas, así que no logré verles el rostro. Además, el personal del hotel dice que justo ahí no hay cámaras.

Elena frunció el ceño.

Todo sonaba demasiado premeditado.

Era obvio que querían arruinar a Héctor.

—Te daré cien mil para que me dejes ver la grabación de tu entrada principal de anoche.

A los ojos del dueño se les iluminó un brillo de codicia y las llevó de inmediato al cuarto de monitores.

Elena y Amelia buscaron la hora del incidente y, efectivamente, lograron ver las figuras en el pasillo del hotel.

Elena pausó el video y examinó el perfil borroso de la mujer; le resultaba increíblemente familiar.

—Elena, ¿la reconoces? —preguntó Amelia.

—Seguro que la he visto, pero no logro ubicarla.

Amelia apretó los dientes, llena de coraje.

—Esta cámara solo alcanzó a grabar a la mujer. Si no damos con ella, no podremos vengar a Héctor.

Elena tuvo una idea repentina.

—Podemos revisar las cámaras del estacionamiento del hotel. Salió de la zona a las nueve y diez, lo más seguro es que haya bajado por su auto. Con su peinado y su ropa, será muy fácil identificarla.

Amelia le dio la razón, transfirió los cien mil al dueño del local y regresaron al hotel.

El gerente no quería meterse en problemas y les puso un sinfín de excusas para no dejarles ver los videos.

Pero Amelia volvió a usar su cuenta bancaria y consiguió acceso.

Esta vez, Elena pudo ver con claridad a la mujer caminando por el estacionamiento.

—Es Eulalia.

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