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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 619

Elena regresó a casa exhausta tras finalizar su turno en el laboratorio.

Alejandro, que había estado trabajando los últimos dos días en la sucursal de Ciudad del Río, también había llegado temprano.

La señora Salinas había preparado un delicioso pescado al vapor para la cena.

Sin embargo, apenas Elena dio el primer bocado, el olor a marisco la asaltó. Sintió una fuerte náusea y tuvo que taparse la boca, conteniendo una arcada.

Alejandro frunció el ceño de inmediato, lleno de preocupación.

—¿Te sientes mal?

Elena negó con la cabeza, respirando profundo.

—Seguro es solo un problema estomacal.

Alejandro dejó los cubiertos sobre la mesa con firmeza.

—Te llevaré al hospital ahora mismo.

Elena iba a decirle que con un par de pastillas digestivas estaría bien, pero la mirada de Alejandro no admitía discusiones.

Así que terminaron en la clínica.

El médico analizó los resultados de la prueba de sangre y levantó la vista hacia ellos.

—Los niveles de hCG están por encima de 120. Calculando desde la fecha de su último periodo, tiene aproximadamente tres semanas de embarazo.

Al ver que ninguno de los dos reaccionaba, el médico continuó.

—Es muy pronto para que el saco gestacional sea visible en una ecografía. Si no presenta dolores abdominales ni sangrado, le sugiero que regrese a descansar. Deberá volver en diez días para un chequeo; ahí veremos si los niveles se han duplicado y confirmaremos la ubicación en el útero.

Cuando Elena salió del consultorio, todavía sentía que flotaba en un sueño.

Había dudado un poco cuando la señora Marina le aseguró que su cuerpo sanaría con el tratamiento.

¡Y ahora, realmente estaba embarazada!

Instintivamente, se llevó una mano al vientre. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

La mente de Alejandro también se había quedado en blanco por unos segundos, pero su instinto protector y estratégico no tardó en tomar las riendas de la situación.

Tras repasar velozmente los siguientes pasos, tomó a Elena del brazo.

—Vamos a casa.

Al notar su semblante serio y calculador, Elena sintió una punzada de sorpresa. No veía rastro de emoción o alegría en él.

¿Acaso no deseaba tener a ese bebé?

En cuanto cruzaron la puerta del departamento, Alejandro hizo una llamada confidencial a un experto en obstetricia de un hospital privado de élite, ordenándole que se trasladara de inmediato a Ciudad del Río.

Elena, escuchando la conversación, no pudo evitar sonreír con ternura ante lo exagerado que le parecía.

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