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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 637

Elena retrocedió un paso, esquivando el manotazo.

—Natalia, fuiste tú quien instaló este software de virtualización en mi equipo, ¿cierto? Tú y Diana están trabajando juntas.

Natalia palideció por un segundo, pero rápidamente recuperó la compostura.

Se hizo la desentendida.

—No tengo idea de qué me estás hablando.

Al ver su actitud cínica, Elena soltó una risa sarcástica:

—Anoche fui a la policía y hablé con mi abogado. Voy a demandar a Diana por robar información confidencial de mi computadora. Si crees que ella te va a proteger, eres muy ingenua. Renuncia ahora mismo y discúlpate. Si lo haces, por los viejos tiempos, te dejaré irte con algo de dignidad.

Natalia apretó los dientes.

Disculparse equivalía a confesar que era cómplice de Diana.

Una mancha así en su currículum significaría el fin de su carrera en la investigación.

Los demás compañeros, atónitos ante la revelación, empezaron a murmurar entre ellos.

Santiago ya sabía de la denuncia, pues Elena se lo había comentado la noche anterior.

Sin poder creer la traición de Natalia, habló con dureza:

—Natalia, ¿cómo pudiste hacer algo tan bajo que no solo nos perjudica a todos, sino a ti misma? Me has decepcionado muchísimo.

Él sabía que Natalia solía ser chismosa y envidiaba a Elena, pero creía que, en el fondo, no era mala persona y se tomaba su trabajo en serio. Con el tiempo, podría haber ocupado un puesto importante en el laboratorio.

Pero cometer un acto de espionaje industrial simplemente había destruido su futuro por completo.

Natalia siempre había sentido algo por Santiago.

En un principio, Elena no le caía mal, pero escuchar a Santiago alabarla todo el tiempo frente a los demás hizo que la envidia se transformara en resentimiento.

No se consideraba menos talentosa que Elena; pensaba que el éxito de ella se debía a su habilidad para relacionarse con gente poderosa y robarle las oportunidades a los demás.

Pero al escuchar a Santiago decir que lo había decepcionado, los ojos se le llenaron de lágrimas.

No era de extrañarse que el profesor Álvarez la hubiera elegido; sus capacidades superaban con creces a las de cualquiera en el equipo.

Natalia firmó sus papeles, empacó sus pertenencias y se preparó para marcharse.

Ninguno de los colegas con los que solía llevarse bien se acercó a despedirse.

Sintiéndose traicionada por la frialdad de todos, su rabia solo aumentó.

Antes de cruzar la puerta, gritó con amargura:

—A Elena nunca le caí bien, por eso hizo todo esto para deshacerse de mí. Hoy me toca a mí, pero ya verán que un día les hará lo mismo a ustedes.

Nadie le contestó. Fue como si no hubieran escuchado nada.

Entre ellos, algunos admiraban el talento de Elena, mientras que otros la envidiaban.

Pero con el profesor en el hospital, el peso del laboratorio caía sobre los hombros de Santiago y Elena.

Además, Elena estaba al frente del proyecto más importante.

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