El director Medina le agradeció efusivamente el gesto y le pidió a Enzo que sirviera en las copas de todos.
Elena, consciente de su embarazo, sabía que no podía probar ni una gota de alcohol, por muy ligero que fuera. Con una sonrisa educada, declinó el ofrecimiento.
—He tenido algo de malestar estomacal últimamente, preferiría tomar solo agua fresca.
Enzo, siempre atento, le sirvió un vaso con agua.
Eulalia no pudo evitar clavarle la mirada, escrutando cada uno de sus movimientos.
Durante la comida, Elena probó un bocado del pescado al vapor. De inmediato, se llevó una mano a la boca, intentando contener una repentina arcada.
Enzo la miró con preocupación.
—¿Te cayó mal la comida? Si quieres, te pido una sopa de verduras caliente para asentar el estómago.
Elena respiró hondo, luchando por reprimir las náuseas, y asintió levemente.
—Gracias, te lo agradecería.
Al observar esta escena, el rostro de Eulalia palideció y sus ojos se afilaron.
¿Acaso Elena estaba embarazada?
La sola idea de que pudiera usar a un hijo para asegurar su posición en la familia Vargas encendió una chispa de celos y furia en el pecho de Eulalia.
Llegó el sábado. Eulalia estaba en casa y notó que la empleada del servicio preparaba un caldo en la cocina.
—Qué bien huele eso —comentó con tono casual—. ¿Vas a llevárselo a Elena más tarde?
Bianca adoraba a Elena y era costumbre que le enviara comida casera con regularidad.
La empleada asintió con una sonrisa.
—Sí, señorita. Si gusta, le sirvo un tazón para usted primero.
—No hay prisa —dijo Eulalia, restándole importancia.
Acto seguido, se frotó el cuello con disimulo, fingiendo incomodidad.
La empleada notó una pequeña rojez en su piel y preguntó con amabilidad:
—¿Le picó un mosquito, señorita? Si quiere, voy por una pomada a su habitación.
—Me harías un gran favor, muchas gracias —respondió Eulalia, fingiendo gratitud.
En cuanto la mujer desapareció por el pasillo, Eulalia sacó de su bolsillo un analgésico que previamente había triturado hasta hacerlo polvo. Sin dudarlo, vació el polvillo en la olla de sopa y revolvió rápidamente.
Para una persona común, esa pequeña dosis no causaría más que una ligera somnolencia.

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