Elena recordó las quejas recientes del director Medina sobre cómo Eulalia había estado descuidando sus responsabilidades en el laboratorio para dedicarse a salir de fiesta.
Una idea audaz cruzó por su mente.
—¿Qué pasaría si dejamos que se le suban los humos a la cabeza? Si hacemos que se vuelva incontrolable, tal vez esa persona en las sombras entre en pánico y se vea obligada a actuar.
Bianca captó la indirecta al instante, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
—Entendido. Déjenmelo a mí.
Al día siguiente, durante el almuerzo, Eulalia intentó sondear el terreno con su supuesta madre.
—Mamá, ayer me dijiste que la sopa que preparó la empleada te cayó un poco pesada. ¿Tú y Elena se sienten bien?
Bianca la miró con una expresión cargada de afecto maternal.
—Ambas estamos perfectamente, querida. ¿Tú tienes algún malestar? Si quieres te acompaño al médico.
Al escuchar que Elena había consumido la sopa y no había tenido complicaciones, un gran peso se esfumó del pecho de Eulalia.
Eso confirmaba sus sospechas: Elena no estaba embarazada.
—Me levanté de maravilla, no hace falta ir al hospital.
Bianca le hizo un par de preguntas más sobre su día antes de adoptar un tono más serio.
—Eulalia, cuando terminemos de comer, quiero hablar contigo de algo importante.
Eulalia la miró con intriga. Esperó pacientemente a que Bianca fuera a su habitación y regresara con una carpeta elegante.
Se sentaron juntas en el sofá y Bianca le tomó las manos.
—Hija, el cinco del próximo mes es tu cumpleaños. He decidido organizarte una fiesta espectacular. Pero eso no es todo... Voy a transferirte el total de las acciones de mis cinco empresas como regalo. Es el patrimonio que me dejaron mis padres y, como mi hija, es tu derecho heredarlo.
Eulalia sintió que el corazón le daba un vuelco. Sus manos comenzaron a temblar de pura emoción.

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