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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 657

Al ver que ella había estado gritando durante un buen rato sin solucionar nada, mientras que Elena, con un par de frases bien dirigidas, había acorralado a los dueños del perro y obligado a la administración a actuar, Diana sintió una profunda admiración.

Elena es realmente inteligente, pensó.

Sintiendo que no había sido de mucha ayuda y consciente de que a Elena no le agradaba su presencia, Diana decidió darse la vuelta y marcharse en silencio.

De pronto, la voz de Elena la detuvo.

—Gritaste mucho. Entra a tomar un vaso de agua.

Diana volteó, con los ojos brillando de emoción.

—¿Me estás invitando a pasar?

Elena no le respondió y entró a la casa.

Pero dejó la puerta abierta. El mensaje era más que claro.

Diana entró radiante de felicidad.

En ese momento, Diego salió de las sombras.

Había escuchado los gritos desde abajo y, preocupado de que Elena estuviera en peligro, subió con la intención de defenderla.

Pero al ver cómo ella manejó la situación con total sangre fría, sin el menor rastro de miedo, sintió una mezcla de sorpresa y una angustiosa pérdida de control.

Se dio cuenta de golpe de que, desde que se habían separado, Elena había madurado a pasos agigantados.

Ya no era la chica ingenua que le temía a los conflictos y que necesitaba depender de alguien para sentirse segura.

Su carácter se había vuelto fuerte e independiente, lo que significaba que jamás aceptaría volver a ser la sombra de ningún hombre.

Eso confirmaba algo que le desgarraba el alma: su relación con Alejandro no era una simple aventura.

Lo que tenían era un romance real, de igual a igual.

Esa conclusión hizo que unos celos enfermizos envenenaran su pecho.

Podía soportar la idea de que Alejandro solo estuviera jugando con ella, pero no que sus sentimientos fueran genuinos.

Si Elena realmente se había enamorado de Alejandro, ¿qué significaba todo lo que habían vivido juntos?

Se negaba a aceptar que él ya era parte del pasado en el corazón de Elena.

***

Al entrar y ver a Chispa acurrucado y débil en su camita, Diana no pudo evitar soltar otra maldición.

—¡Le grité muy poco a ese infeliz! ¡Es un verdadero monstruo!

Elena se lavó las manos, se sirvió un vaso de agua y se sentó en el sofá.

Diana entendió que el hecho de que la dejara entrar no significaba que fuera a atenderla, así que fue a servirse agua ella misma.

Entonces, Elena habló.

—Si quieres entrar al laboratorio como investigadora, te falta experiencia. Pero, si estás dispuesta, puedes ir a una entrevista para el puesto de asistente.

Alejandro ya le había mencionado el tema, dejándole la decisión final a ella.

Al principio, Elena no tenía ninguna intención de aceptar a Diana, pero su actitud de esa noche la había convencido de darle una oportunidad.

Diana abrió los ojos de par en par.

—¿De verdad me dejarías ser tu asistente?

La voz de Elena fue imparcial.

—Tienes que pasar la entrevista como cualquiera. Hablaremos si la apruebas.

Diana sintió una pequeña punzada de decepción, pero su ánimo se recuperó de inmediato.

Si Elena le estaba dando la oportunidad, sus posibilidades de conseguir el trabajo eran altísimas.

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