—Si ella fuera tan inocente, ¿por qué llamó a Rómulo anoche?
El mensaje que Elena le había enviado el día anterior solo había enfurecido más a la señora Ventura, convenciéndola de que la joven era una cínica manipuladora.
Bianca apretó los dientes, reprimiendo las ganas de estallar.
¡Su niña era joven, hermosa y brillante! ¿Qué necesidad tendría de fijarse en un viejo casado?
—Señora Ventura, déjeme hacerle una pregunta: ¿quién le fue con el cuento de que Rómulo y Elena tienen una aventura? Le aseguro que quienquiera que haya sido, solo busca manipularla.
La señora Ventura se cruzó de brazos y desvió la mirada, rehusándose a delatar a su fuente.
—Eso no es asunto suyo.
Esa pobre chica solo quería advertirme de buena fe. Si la echo a los lobos, sería una completa basura, pensó.
Al ver su terquedad, Bianca sintió que perdía la paciencia.
—Señora, si confía tan ciegamente en las intrigas de un tercero, imagino que tiene pruebas sólidas. Porque arruinar la reputación de alguien solo por una cena de negocios es una soberana estupidez.
La señora Ventura soltó una carcajada amarga.
—Si tuviera registros de un hotel, hace tiempo les habría arrancado la cara a los dos frente a todo el mundo. ¡Creame que he sido muy civilizada! Señora Bianca, usted no tiene idea del infierno que vivo, no sabe lo que es la agonía de la traición en un matrimonio. Deje de juzgarme desde su pedestal.
Una sombra cruzó los ojos de Bianca al recordar su propio infierno personal. Su tono se volvió gélido y afilado.
—¿Y cómo sabe que no he vivido algo peor? En mi tiempo, sufrí mil veces más que usted. Mi exmarido me engañó mientras estaba embarazada, y mi hija desapareció apenas nació. Pero sobreviví. Atravesé el fuego y comencé una nueva vida. Señora Ventura, odio a las destructoras de hogares mucho más de lo que usted las odia. Si Elena fuera esa clase de basura, jamás me habría acercado a ella.
Al escuchar esa confesión, la coraza de la señora Ventura se agrietó y su rostro se relajó.
Cuando dos mujeres comparten el mismo lenguaje del dolor, la empatía surge casi de manera natural.
Soltó un largo y cansado suspiro.
—Ya que usted misma pone las manos al fuego por el honor de esa chica, le daré el beneficio de la duda. Pero no voy a decirle quién me lo contó. Temo que su carrera termine arruinada. Quizá ella también se confundió al verlos juntos, pero sé que lo hizo porque se preocupa por mí.
Bianca no logró sacarle el nombre, lo cual la frustró un poco.


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