A Diana le parecía que esa comida barata era terrible, por lo que solía ir a ese restaurante a almorzar con frecuencia.
Había adquirido una membresía exclusiva, así que cada vez que iba, el monto se descontaba directamente de su tarjeta.
Al ver que Diana ya había pagado, Amelia no insistió más. Tomó a Héctor del brazo y se encaminaron hacia la salida.
Diana observó la forma tan dulce en la que Héctor trataba a su novia y se quedó absorta.
Así era como él miraba a la persona que amaba.
Sintió una profunda envidia hacia Amelia.
Elena se acercó y, al ver que Diana seguía inmóvil en el mismo lugar, le preguntó:
—¿Quieres que te lleve a casa?
Diana negó con la cabeza y respondió con convicción:
—Quiero ir a casa a leer más libros sobre nuestro proyecto.
—¿El golpe de realidad te pegó duro? —le preguntó Elena con curiosidad—. ¿Por fin decidiste tomarte las cosas en serio?
Diana suspiró, sintiendo un nudo de frustración en el pecho.
—Si en su momento me hubiera esforzado más en mis estudios, si hubiera entrado a un instituto de investigación de prestigio y hubiera logrado destacar en mi carrera... Si me hubiera convertido en una mujer brillante y hubiera conocido a Héctor antes que ella, ¿crees que las cosas habrían sido diferentes?
Elena le dio unas palmaditas reconfortantes en el hombro.
—No sirve de nada pensar en tantos «y si...». Enfocarte en el presente ya es un gran paso, Diana. Además del amor romántico, hay muchísimas otras metas en la vida que vale la pena perseguir.
Los ojos de Diana se llenaron de lágrimas. Se limpió la nariz y murmuró:
—Pero es que de verdad me gusta muchísimo.
Era joven, y el dolor de un amor no correspondido aún le calaba hondo.
Elena le tendió un pañuelo de papel.
—Vamos, es hora de ir a casa.
Diana caminó detrás de ella. Al observar la espalda delgada pero firme de Elena, sintió nacer en su interior un nuevo y fuerte anhelo: ojalá algún día pudiera llegar a ser tan excepcional como ella.
***
Esa noche, antes de dormir, Elena recibió el quinto mensaje de texto de Diana.
Le estaba consultando varias dudas muy técnicas sobre el proyecto.
Elena se tomó el tiempo para responder a cada una de ellas de manera detallada.
Alejandro entró a la habitación y, al ver que la luz seguía encendida, le preguntó:

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