En ese instante, escondida detrás de la puerta, Adriana ardía de furia.
Había ido con la intención de llevarle a Diego el almuerzo que ella misma había preparado, pero jamás imaginó escuchar semejante noticia.
¡Diego le había entregado el diez por ciento de las acciones a Elena!
¿Y qué pasaría con su hijo?
¡Maxi era el verdadero heredero de la familia Romero! ¿Por qué le daban a Elena algo que le pertenecía a su hijo?
¿Solo porque ella podía solucionar el problema del proyecto HSV-121?
¿O será que Diego seguía enamorado de Elena?
Al recordar cómo había intentado presumirle a Elena lo enamorado que estaba Diego de ella, Adriana sintió que había quedado como una completa ridícula.
***
Elena regresó a casa para almorzar con Alejandro.
Le compartió sus observaciones:
—En el departamento de investigación del Grupo Romero hay mucha fuga de talentos. La mayoría de los que quedan son recién graduados.
Alejandro comentó:
—El escándalo que armó Adriana tuvo un gran impacto. Los profesionales capacitados no quieren trabajar en una empresa que roba ideas y luego se hace la víctima.
Para una empresa farmacéutica, la capacidad de investigación lo era todo.
Si el Grupo Romero había caído tan bajo, era por culpa del propio Diego.
Después de comer, Alejandro quería acompañarla a dar un paseo.
Sin embargo, empezó a caer un aguacero, así que se quedaron en casa viendo cursos de estimulación temprana en línea.
Tras ver dos episodios, Alejandro comentó pensativo:
—Creo que este departamento es muy pequeño. Si pudiéramos diseñar un área de juegos techada, nuestro hijo sería muy feliz jugando en casa.
Elena respondió:
—Podríamos remodelar el departamento que tengo enfrente. Si vaciamos los muebles, queda un espacio enorme.

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