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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 698

Bianca quería pedir el alta para acompañar a Elena, pero ante la insistencia de su hija, tuvo que resignarse a quedarse en el hospital.

Elena no tenía intención de ocultarle nada a Alejandro, así que lo llamó por videollamada y le contó todo.

Sabía perfectamente que si Alejandro se enteraba por Bruno, se volvería loco de preocupación y tomaría el primer vuelo de regreso.

Pero ahora que estaba a salvo, y con la ayuda de Bruno y Leandro, confiaba en poder resolver el asunto sin necesidad de interrumpir el trabajo de su esposo.

Tal como ella había previsto, Alejandro estaba a punto de ordenar su regreso inmediato al escuchar la historia.

Elena lo tranquilizó suavemente.

—Alejandro, confía en mí. Puedo encargarme de esto. Además, ahora tengo a mi mamá conmigo, y el señor Dante también me ayudará. Te prometo que no estaré en peligro otra vez.

Alejandro se quedó atónito del otro lado de la pantalla.

—¿La señora Bianca te lo confesó?

—No, lo descubrí por mí misma —dijo Elena, y antes de que él pudiera pensar en cómo explicarse, continuó—. Aunque todavía no entiendo por qué soy su hija, mi corazón me dice que es mi verdadera madre. Alejandro, ¿puedes contarme la verdad de lo que pasó hace tantos años?

Alejandro suspiró y le reveló todo lo que había descubierto.

Le explicó que ella y Héctor habían sido secuestrados por una enfermera desquiciada, quien los sometió a maltratos durante un tiempo antes de abandonarlos junto a un río.

A Héctor lo rescató y adoptó la mujer que él consideraba su madre. Elena, por una casualidad del destino, terminó siendo la hija de la familia Navarro.

—Así que Héctor es mi hermano... —murmuró Elena, asimilando rápidamente la revelación.

Con razón siempre había sentido una extraña conexión con él. Así funcionaba el misterioso vínculo de la sangre.

—Mi intención era esperar a que atraparan a Eulalia para contártelo todo poco a poco —suspiró Alejandro—. No imaginé que lo adivinarías por ti misma. Elena, sé cuánto amas a la familia Navarro. La decisión de reclamar tu verdadera identidad es solo tuya, y yo te apoyaré en lo que elijas. Pero quiero que sepas algo: sin importar tu apellido, eres y siempre serás mi esposa. Eso nunca va a cambiar.

—Lo sé —dijo Elena con una sonrisa triste, aunque su mente era un torbellino.

Decidió dejar ese tema para más adelante.

—Me preocupa dejarte sola justo ahora —dijo Alejandro, mirándola con angustia—. Acabas de sufrir un ataque y encima tienes que asimilar una historia sobre tu origen que parece sacada de una pesadilla. Elena, desearía estar ahí abrazándote.

Pero Elena le devolvió una mirada llena de determinación.

—Confía en mí, Alejandro. Puedo manejar mis emociones. También voy a descubrir quién ordenó que me encerraran. Me haré justicia yo misma.

Quería estar al lado de Alejandro como un árbol fuerte con sus propias raíces, no como una flor delicada que dependía de él para sobrevivir. Por eso, no podía quedarse de brazos cruzados esperando a que él resolviera todos sus problemas.

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