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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 765

Antes de que Elena pudiera decir una palabra, Bianca agarró su vaso de agua y se lo arrojó en la cara a Hugo.

—¡A ti qué te importa! Dónde comamos Elena y yo es asunto nuestro. Por donde viniste, lárgate.

Hugo quedó empapado, con el cabello y la ropa goteando.

No se atrevió a gritarle a Bianca, pero su rostro se transformó en una máscara de hielo.

—Bianca, si sigues consintiéndola de esta manera, la vas a echar a perder.

Tomó unas servilletas de la mesa para secarse la cara, pero al hacerlo, su mirada se posó en los resultados médicos que estaban a un lado.

Eran los análisis de Elena.

Tomó el reporte, lo hojeó, y su expresión se volvió aún más lúgubre.

Bianca le arrebató los papeles de las manos, mirándolo con furia:

—¿Quién te dio permiso para tocar nuestras cosas?

Hugo respiró hondo y habló con un tono lleno de falsa aflicción:

—Bianca, dices que no amo a mi hija, pero tu forma de amarla es una locura. Iré a buscar a Alejandro. Elena tiene que practicarse un aborto de inmediato.

Tras soltar esas palabras, dio media vuelta y salió del restaurante a zancadas.

Con el escándalo que había armado Hugo, a Bianca y a Elena se les quitó por completo el apetito.

Bianca pagó la cuenta y se llevó a Elena.

—Vamos a casa, mi amor. Haré que el chef te prepare algo delicioso.

Elena asintió. El encuentro con aquel hombre le había dejado un sabor amargo.

Al enterarse de que Alejandro estaba en una de las sucursales ese día, Hugo fue a buscarlo directamente a su oficina.

Alejandro estaba firmando unos documentos y ni siquiera se levantó para recibirlo.

—¿Y ahora qué quiere?

Hugo estalló en cólera:

—Sabes perfectamente que Elena padece anemia hemolítica autoinmune, ¡y aún así dejas que se embarace de ti! Alejandro, no tienes corazón.

Alejandro terminó de firmar, dejó el bolígrafo sobre el escritorio y respondió con calma:

—Intenté convencerla, pero ella tomó su decisión. Yo estoy mucho más preocupado por su salud que usted.

—¡Pamplinas! Si de verdad la amaras, jamás habrías permitido que quedara embarazada.

Hugo empezó a caminar de un lado a otro por la oficina, rojo de furia.

Finalmente se detuvo.

Como tenían una buena relación, Elena aceptó encantada.

Nora añadió con una risita cómplice:

—Tranquila, solo invité a mis amigos más íntimos. Ni loca invitaría a mi hermana ni a los suyos.

Sabía perfectamente que Elena no quería cruzarse ni con Beatriz ni con las hermanas de la familia Romero, así que ni siquiera les había avisado que estaba en el país.

Al salir del trabajo, Elena se dirigió a la nueva casa de Nora.

Era una mansión con una espectacular decoración estilo vintage.

Aunque Nora pasaba apenas un par de semanas al año en Ciudad del Río y bien podría rentar un lugar, no escatimaba en lujos. Todo lo que le gustaba, lo compraba sin dudar.

Al llegar, Elena la encontró compartiendo secretos de belleza con dos amigas.

Al verla, Nora se iluminó de alegría y fue a tomarla de las manos.

—¡Elena, mi niña, cuánto tiempo sin verte!

Elena le entregó el regalo que le había llevado: una maceta con hermosas orquídeas en plena floración.

A Nora le encantaron y le pidió a la empleada que las colocara en el invernadero.

A su vez, le entregó a Elena varios obsequios que había traído de sus viajes por el mundo, desde pequeñas artesanías hasta bufandas finas.

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