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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 766

Elena bromeó con una sonrisa:

—Te traje una sola planta y me llevo todos estos regalos, salí ganando.

—Nuestro cariño no se mide con estas cosas materiales —respondió Nora con calidez.

Nora y su hermana Beatriz eran polos opuestos.

A Nora no le importaba el qué dirán, vivía de forma libre y apasionada.

Beatriz, en cambio, parecía una mujer atrapada en la época feudal; vivía aferrada a reglas arcaicas y pretendía que toda la familia la tratara como a una reina, exigiéndoles sumisión y obediencia absoluta.

—Vengan, ya casi servimos la cena. Hoy cenaremos comida occidental. El chef lo traje especialmente del extranjero y su comida es una delicia.

Elena se acercó a la mesa y se sentó. A su lado estaban dos apuestos jóvenes rubios de ojos claros.

Eran los primos del esposo de Nora, a quienes había conocido brevemente en la boda.

Ambos mostraban gran interés en la cultura de Ciudad del Río y entablaron una amena conversación con ella.

En ese momento, una figura alta y delgada apareció en la entrada.

Elena miró por instinto y la sonrisa se le borró del rostro.

Era Diego.

Nora ni siquiera le había avisado que estaba de regreso en el país, así que se sorprendió de verlo.

—Diego, ¿qué haces aquí?

Diego le entregó una elegante canasta de frutas y respondió:

—Mi asistente te vio en el aeropuerto, así supe que habías regresado.

Había ido a propósito. Intuía que su tía invitaría a Elena a cenar y quiso probar suerte. Y para su fortuna, acertó.

Nora, que no quería arruinarle la noche a Elena, lo sentó en el extremo más alejado de la mesa.

Elena decidió ignorar su presencia para no amargarse la velada.

La comida estuvo exquisita y Elena comió con gusto.

Después de la cena, Nora propuso un juego de mesa para animar el ambiente.

Las reglas eran sencillas: cada uno debía confesar algo que hubiera hecho por amor que considerara que los demás jamás habrían hecho. Si alguien en la mesa también lo había hecho, el que confesaba debía cumplir un castigo.

El ambiente se llenó de risas mientras todos revelaban anécdotas locas de su pasado amoroso.

Cuando llegó el turno de Elena, pensó un momento y dijo con una sonrisa:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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