El tiempo pasó volando y, sin darse cuenta, transcurrió un mes entero.
Debido a los medicamentos hormonales, Elena había ganado algunas curvas. Su figura se había vuelto más voluptuosa, aunque su rostro seguía siendo igual de hermoso.
Diana fue la primera en notarlo y le dijo bromeando:
—¿Acaso esos kilitos extra son por puro amor?
Últimamente, Elena había comprado ropa más holgada. Aunque no se arrepentía en lo absoluto de los cambios en su cuerpo porque lo hacía por su bebé, seguía siendo mujer. Ver cómo perdía su figura esbelta la llenaba de cierta inseguridad.
Por las noches, cuando Alejandro la besaba, ella se mostraba un poco tímida.
Él, intuyendo sus miedos, se volvió aún más cariñoso y pegajoso que de costumbre. Le enviaba más mensajes durante el día y, por las noches, los besos eran constantes e intensos.
A veces, aturdida por sus caricias, ella no podía evitar preguntarle:
—¿No crees que estoy muy gorda?
Alejandro, sin dejar de besarla, respondía con una risa ronca:
—Mmm... la verdad es que ahora me gusta más cómo te sientes. Cada vez que te abrazo, me dan ganas de hacerte el amor.
Cada vez que ella caía en esas crisis de inseguridad, él se encargaba de borrarle las dudas a punta de besos.
Y esa actitud tan devota de Alejandro logró que, poco a poco, todos sus miedos desaparecieran.
El sábado, tras revisar unos documentos, Elena se estiró con pereza en el sofá.
Llevaba puesto un lindo camisón de dormir rosado. Al salir a la sala, vio que Alejandro acababa de regresar de pasear a Chispa.
Como los había atrapado la lluvia, la camiseta blanca de Alejandro estaba empapada, marcando cada músculo de su torso trabajado.
Él se quitó la camiseta y entró a darse una ducha.
Al salir, llevaba solo una toalla enredada en la cintura.
Al darse cuenta de que Elena lo miraba fijamente, sonrió, se acercó, la tomó en brazos y la recostó suavemente sobre el sofá.
—Elena, ¿tienes ganas de devorarme?
Elena le dio un manotazo ligero, sonrojada.
—Claro que no.
Él se inclinó y comenzó a repartir besos por su delicado cuello.
—Pues yo sí tengo ganas de ti.
Sus movimientos eran sumamente cuidadosos.
Elena había notado que, últimamente, a él le fascinaba besarla del escote hacia abajo.
Entre besos, Alejandro murmuró:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....