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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 790

Elena sostenía su ramo de rosas y le preguntó:

—¿Mañana te vas de viaje de negocios a Ciudad Marazul, verdad? ¿Por cuánto tiempo?

—Me voy por tres meses —suspiró Isabel, pero luego sus ojos brillaron de emoción—. ¡Aunque, mi ídolo dará un concierto allá! Tengo muchísima suerte de que coincida con mi viaje.

—Entonces no creo que estés aquí cuando nazca mi bebé —dijo Elena, extendiendo los brazos para abrazarla—. Iré a despedirte mañana.

—No es buena idea. No quiero que hagas el viaje hasta el aeropuerto en tu estado.

—Estaremos tres meses sin vernos, tienes que dejar que te despida.

Al mediodía siguiente, Elena acompañó a Isabel al aeropuerto.

Ambas se tomaron una selfie juntas.

Isabel miró la foto con una sonrisa radiante.

—Para cuando yo regrese, ya habrás tenido al bebé. En ese momento nos tomaremos otra foto para tener el recuerdo.

—Me parece perfecto.

Justo en ese instante, el grito desgarrador de una mujer llamó la atención de las personas a su alrededor.

Elena e Isabel giraron la cabeza al mismo tiempo.

Vieron a Adriana sentada en el suelo, con el cabello alborotado y luciendo un aspecto miserable, mientras dos guardaespaldas la arrastraban hacia el área de embarque.

—¡No me voy! ¡No voy a irme del país! ¡Quiero a mi hijo! ¡Llamen a Diego ahora mismo, no puede hacerme esto!

Gritaba y pataleaba como una desquiciada, pero los guardaespaldas no le prestaron la más mínima atención. La arrastraron como si fuera un costal de papas.

Isabel no pudo evitar una sonrisa burlona.

—Diego la está mandando al extranjero para que no interfiera en su boda con Vivian, ¿no crees?

Elena lo pensó un momento.

—Recuerdo que Adriana tenía a un pretendiente muy devoto llamado Rodrigo. Si él se entera de esto, ¿crees que la ayudaría a regresar al país?

Isabel la miró con curiosidad.

—¿Tú quieres que ella regrese?

Elena sonrió con picardía.

Mientras disfrutaban tranquilamente de su cena, dos figuras conocidas entraron al restaurante.

Eran Diego y Vivian.

Vivian estaba en una silla de ruedas. Aunque llevaba un maquillaje pesado, sus facciones seguían viéndose apagadas.

Cuando miraba a la gente a su alrededor, había un destello sombrío y hostil en sus ojos, pero cuando miraba a Diego, su expresión se volvía inmensamente dulce.

Diego empujaba la silla de ruedas sin siquiera mirarla, con la mirada perdida.

Vivian ya había visto fotos de Elena en el pasado.

Cuando Diego aún estaba con ella, Vivian la había mandado investigar a fondo.

Aunque ahora Elena tenía unas hermosas curvas propias de su embarazo, su rostro seguía siendo inconfundible.

Por eso, la reconoció de inmediato.

Señalando hacia donde estaba Elena, le preguntó al hombre a su lado:

—Diego, dime la verdad... ¿Quién es más hermosa, ella o yo?

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