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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 83

Al salir del hospital, Elena le llamó a Isabel para pedirle que le recomendara un buen abogado penalista.

—¿Qué no se supone que Diego ya te había conseguido al licenciado Delgado? —preguntó Isabel—. Es uno de los mejores de Ciudad Río para este tipo de broncas.

Elena suspiró y le contó todas las largas que le había dado el abogado, además de sus sospechas.

Al escucharla, Isabel soltó una carcajada irónica:

—Es indignante. Si no pensaba ayudarte, debió decirlo desde el principio. ¿Qué sentido tiene dejarte en vilo de esa manera? No te apures, ahorita mismo te consigo a alguien.

Diez minutos después, Isabel le regresó la llamada:

—Ya le pregunté a un compañero del trabajo. Podemos buscar a Javier Cortés. Seguro no lo ubicas, pero está a la par del licenciado Delgado; es de los mejores penalistas que hay.

—Me parece bien —aceptó Elena—. ¿A qué despacho tengo que ir para contratarlo?

—El problema es que es muy difícil conseguir una cita con él. Mira, esta noche va a ir a un evento. Si quieres, vamos juntas para abordarlo.

Esa noche, Elena e Isabel llegaron a un club privado.

La recepción ya había empezado. Isabel buscó entre la gente hasta que señaló a un hombre a lo lejos. Llevaba puesto un traje a la medida, lentes de armazón dorado y tenía un porte muy elegante.

—Aquel de allá es Javier. En este momento está hablando con gente importante de varios bancos de inversión; esperemos a que termine para acercarnos.

Elena asintió.

Ambas tomaron un vaso con jugo y se quedaron a un lado, esperando el momento oportuno.

En ese momento, Diego y Adriana entraron al salón.

Al ser una pareja tan atractiva, no tardaron en acaparar las miradas de los presentes.

No tardó en acercárseles alguien dispuesto a colmarlos de elogios.

—Qué buena pareja hacen el señor y la señora Romero. A todos lados van agarraditos de la mano.

Adriana bajó la mirada con una sonrisa tímida.

Le jaló la manga a Diego y señaló hacia donde estaban:

—¿Esa no es Elena? ¿Qué está haciendo aquí? ¿Está platicando con el abogado Javier? Todo el mundo sabe que ese hombre es un mujeriego empedernido, ¿de verdad Elena no teme meterse en problemas acercándose a él?

Diego volteó a mirar y, efectivamente, vio a Elena parada junto a Javier. Ver a Elena al lado de Javier le dejó en el pecho una molestia oscura e inmediata que no supo nombrar.

¿Acaso lo estaba buscando por el caso de su tía?

Pero él ya le había encargado el problema al licenciado Delgado, ¿por qué no confiaba en él?

Ese pensamiento hizo que su rostro se endureciera, y caminó directo hacia donde estaba Elena.

—Licenciado Cortés, me gustaría pedirle que me ayude con un caso —dijo Elena, yendo directo al grano en cuanto lo tuvo enfrente.

Al principio, Javier creyó que aquella mujer tan atractiva se le había acercado por un motivo muy distinto. Cuando se dio cuenta de que se trataba de trabajo, perdió el interés al instante.

Sin embargo, conservó los modales y escuchó con atención todo lo que Elena le explicó. Estaba a punto de rechazarla de forma cortés cuando, de pronto, le pareció que había visto ese rostro en algún lado.

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