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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 865

Ocultas entre la multitud, Liana e Isidora no pudieron evitar sentir una punzada de decepción al ver que se llevaban a la señora Moreno.

Alejandro, con su instinto siempre alerta, notó que algunos invitados tenían los teléfonos en las manos, grabando y tomando fotos a escondidas. Su expresión se endureció y le hizo una señal a Ciro.

—Haz que borren todas las fotos y los videos. De inmediato —ordenó.

Los curiosos, sintiéndose atrapados, no tuvieron más remedio que borrar los archivos bajo la severa mirada de Ciro.

Poco a poco, los asistentes comprendieron el mensaje: Alejandro estaba protegiendo ferozmente la reputación de Elena.

Si esos videos se filtraban, la gente no tardaría en inventar historias y juzgarla sin piedad.

Quedó clarísimo para todos que los sentimientos de Alejandro por Elena eran genuinos y profundos; de lo contrario, no habría reaccionado con tanta rapidez para cuidarle las espaldas.

Alejandro se quitó el saco arruinado y se lo entregó a Fabio.

Luego, como si nada hubiera pasado, miró a su madre con absoluta tranquilidad.

—¿Solo ordenaste un pastel? —preguntó.

La señora Vargas, saliendo de su estupor, ordenó de inmediato a los empleados que trajeran el pastel de reserva.

Los camareros se apresuraron a limpiar el desastre del suelo.

Alejandro tomó la mano de Elena y entrelazó sus dedos con firmeza.

Ella respiró hondo, ajustó su expresión y, con una sonrisa serena y una postura elegante, se mantuvo al lado de Alejandro mientras Damián y su madre cortaban el segundo pastel.

El ambiente volvió a llenarse de música y charlas, como si el incidente nunca hubiera ocurrido.

—Hermana, ¿crees que la señora Moreno intente atacar a Elena otra vez? —murmuró Isidora.

Liana le dio un sorbo a su copa de vino tinto y sonrió con malicia.

—Mientras yo siga enviándole fotos de su querida Mariana de forma anónima, puedes estar segura de que seguirá enloqueciendo y yendo tras ella. Y créeme, Elena no podrá esquivar los golpes toda la vida.

—Ojalá esa vieja tuviera más fuerza —escupió Isidora con veneno—. Me encantaría que la dejara inválida.

Al finalizar el banquete, Elena y Alejandro se prepararon para retirarse.

—Alejandro, espera un momento —lo detuvo su madre—. Necesito hablar contigo.

Ambos se detuvieron y la miraron.

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