—Señor Belmonte —dijo Alejandro, dejando los documentos sobre el escritorio y mirándolo fijamente, yendo directo al grano—. Usted es primo de Viviana Campos, ¿me equivoco? Al entrar a trabajar al laboratorio de Elena, ¿tiene alguna agenda oculta?
Renato no esperaba que descubriera su identidad tan rápido, ni mucho menos sus intenciones hacia Elena. Claro, pensó, Alejandro tiene guardaespaldas vigilándola todo el tiempo. Por supuesto que está al tanto de todo.
Le sudaban las manos, pero hizo un esfuerzo por mantener la compostura.
—Solo siento admiración profesional por la señorita Navarro, nada más. Director Vargas, creo que hay un malentendido. En cuanto a mi prima, sus acciones no tienen nada que ver conmigo. No hay necesidad de que vea amenazas donde no las hay.
—¿Tiene pensado mudarse al extranjero, señor Belmonte? —le preguntó Alejandro en tono glacial—. Puedo recomendarle un trabajo mucho más adecuado para usted.
Renato apretó los labios y tardó en responder.
—Se lo agradezco, director Vargas, pero soy capaz de conseguir empleo por mi cuenta. No es necesario que se tome la molestia.
El orgullo y los sentimientos que albergaba por Elena le impedían humillarse frente a su esposo.
Alejandro soltó una risa irónica; parecía leerlo como a un libro abierto.
—Siendo así, le daré un último consejo. No intente nada estúpido con Elena. Ha invertido años de su vida estudiando y sacrificándose por una carrera brillante. Sería una lástima que todo su esfuerzo se arruinara de la noche a la mañana, ¿no le parece?
Renato se paralizó. Aquello era una amenaza directa.
Comprendió de golpe que, para Alejandro, aplastarlo sería tan fácil como pisar un insecto.
El corporativo del Grupo Vargas estaba en la zona más exclusiva y costosa de Ciudad del Norte. En ese barrio, Renato no tendría dinero ni para el enganche de un estudio pequeño.
Y, sin embargo, Alejandro era el dueño del rascacielos entero. Los empleados de aquel lugar eran mentes brillantes graduadas de las mejores universidades, y todos lo reverenciaban como si fuera un rey. El poder y la fortuna de Alejandro superaban cualquier cosa que él pudiera imaginar.
Salió de la oficina aturdido. Mientras veía cómo los números del ascensor descendían, lo invadió una profunda sensación de ridiculez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....