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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 914

La anciana Vargas sonrió con calidez.

—Son las llaves de una mansión histórica a mi nombre. Cuando Aurora cumpla la mayoría de edad, la propiedad pasará directamente a ser suya.

Ximena abrió los ojos de par en par.

—¡Abuela! ¿Le estás regalando una mansión millonaria?

—Así es —respondió la anciana, riendo suavemente.

Elena observó a la pequeña Aurora, que jugaba distraída con la piedra preciosa del llavero. Suspiró para sus adentros; a su corta edad, su hija ya era dueña de un inmueble que valía una fortuna.

Luego, la anciana sacó un par de pulseras de oro con rubíes.

—Paloma me pidió que le entregara esto a la niña. Ya saben lo terca que es, así que no le den muchas vueltas al asunto. Todo el dinero y los bienes que les envíe, acéptenlos y guárdenlos para Aurora. Si no los reciben, terminará perdiéndolo todo en alguna de sus malas inversiones.

Fascinada por todo lo que brillaba, Aurora tomó sus regalos y los guardó en su alcancía de cerdito.

Después de apagar las velas y comer pastel, se tomaron muchas fotos juntos.

Cuando la señora Vargas vio las fotos que la anciana publicó en Instagram, donde todos aparecían felices celebrando el cumpleaños de Aurora, sintió un nudo en el estómago.

Le parecía el colmo que Elena ni siquiera la hubiera invitado al cumpleaños de su propia nieta.

Hugo también vio la publicación de Alejandro.

Dante había asistido al cumpleaños de Aurora, mientras que él estaba excluido.

Abatido y sin poder conciliar el sueño, bajó a la sala a servirse un vaso de agua.

Sus manos temblaron y el vaso de cristal se estrelló contra el suelo.

La empleada escuchó el ruido, salió de su cuarto y preguntó asustada:

—Director Valiente, ¿se encuentra bien?

De pie en medio de la cocina, Hugo dejó escapar un largo suspiro.

Envejecer en soledad era un castigo amargo.

Anhelaba tener a su familia cerca, pero sabía que ni Bianca ni sus hijos volverían a su lado. Sus días se habían vuelto grises y vacíos.

Al verlo ahí, inerte, despojado de toda su autoridad y viéndose como un simple anciano frágil, la empleada lo ayudó a sentarse en el sofá antes de limpiar el desastre.

Al día siguiente, Hugo amaneció enfermo.

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