La señora Vargas siempre aplicaba esa doble moral.
Si su esposo se sacrificaba por ella, era lo justo y necesario.
Pero si su hijo hacía algo por Elena, le parecía inaceptable.
Su hijo debía tenerla a ella como su máxima prioridad.
Alejandro no se molestó en seguir discutiendo, tomó su chaqueta y salió de la casa.
Echando chispas, la señora Vargas fue a la habitación de la anciana y se quejó amargamente de que Alejandro, por culpa de Elena, ya no pensaba en los sentimientos de su propia madre.
La anciana Vargas le dio un sorbo a su vaso de agua y rodó los ojos.
—En su época, mi hijo también me llevó la contraria muchas veces por tu culpa. Si yo me hubiera pasado los días rabiando como tú, hace años que estaría bajo tierra. Deja de ser tan controladora. Solo logras sembrar el caos metiéndote en el matrimonio ajeno.
Al recordar su propio pasado, la señora Vargas se quedó sin argumentos. Permaneció de pie, con el rostro enrojecido.
—Siempre has tenido mal ojo para juzgar a las personas —continuó la anciana—. Después de haber estado al borde de la muerte, supongo que ya sabes en quién puedes confiar y en quién no. Además de dejar de escuchar tanto a tu familia, te sugiero que te alejes de Oihana Ruiz. Deja de meterte en negocios con ella o terminarás arruinada sin darte cuenta.
Tras recibir semejante regaño, la señora Vargas salió de la habitación con una opresión en el pecho que no sabía cómo liberar.
Y cuando se enteró de que Damián se había ido a pescar otra vez, su molestia se convirtió en indignación pura.
En su juventud, Damián había sido todo un romántico, pero ahora que envejecía, casi nunca paraba en casa ni le prestaba atención.
No lograba entender por qué nada en su vida salía como ella quería.
Justo entonces, Diana llegó a cenar.
La señora Vargas no pudo evitar desahogarse con ella.
Diana, mientras comía tranquilamente, la miró confundida.
—Tía, de todas las ramas de la familia, tú eres la que tiene la vida más cómoda. Si dejaras de buscar problemas, podrías disfrutar de tu madurez en total paz.
Ofelia ya había fallecido.
Oihana tenía que jugar el papel de la esposa sumisa, sirviendo a toda la familia y cocinando todos los días.
La señora Vargas, en cambio, no movía un dedo; tenía a criados atendiéndola de la mañana a la noche.
Por su parte, Damián, más allá de su obsesión por la pesca, ya no tenía energías para andar de mujeriego.
Y Alejandro había tomado las riendas del Grupo Vargas, llevándolo a la cima del éxito. Además, era él quien lidiaba con todos los asuntos turbios de la familia para que ella no tuviera que estresarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....