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Reencarné y mi Esposo es un Coma romance Capítulo 193

Marcelo llamó directamente, y en cuanto Sabrina contestó, fue al grano:

—Rina, ¿de dónde sacaste ese chisme?

—Yo también lo escuché de un amigo de un amigo, ni siquiera sé si es cierto. Pero, Marcelo, mejor solo tómalo como rumor y olvida el asunto —respondió Sabrina, fingiendo desinterés.

—No, necesito saber si esa información es verdadera —insistió Marcelo, su urgencia se sentía en la voz—. Pregúntale bien a tu amigo de tu amigo, ¿Felipe de verdad murió en el accidente de avión?

—¡Ay, eso está difícil! A fin de cuentas, ni siquiera tengo relación con Felipe —dijo Sabrina, buscando una excusa—. A menos que tú tengas algún problema con Felipe, que sea tu enemigo o algo así, ahí ya tendría un pretexto para preguntar.

Marcelo guardó silencio varios segundos. Al final soltó:

—La verdad, sí tengo broncas con él. Dile a tu amigo que Felipe es mi enemigo, que quiero saber si sigue vivo o no.

—Nada que ver, mi amigo ni te conoce, no va a hacerme ese favor —replicó Sabrina, jugando con doble sentido—. Pero si le digo que Felipe es mi enemigo, seguro sí me cuenta lo que sabe.

Marcelo frunció el ceño; cada vez sospechaba más que Rina lo estaba sonsacando.

—¿Marcelo? —lo llamó Sabrina, al ver que no respondía.

Él despertó de su breve trance.

—No pasa nada. Tienes razón, mejor ni preguntes, no quiero meterte en problemas.

Sabrina apretó los labios, frustrada porque Marcelo no había caído en su juego.

—Sí, mejor déjalo así, al fin y al cabo ni nos incumbe. Tú tampoco te metas en líos por algo que ni es tu asunto.

—Tienes razón. Olvídate de lo que dije, mejor ya no te molesto.

Sin esperar respuesta, Marcelo colgó la llamada.

Sabrina se quedó escuchando el tono de ocupado, con la mirada llena de dudas. Entró al perfil de Marcelo en Instagram; la última publicación que había visto hacía unas horas ya no estaba.

Eso la hizo sospechar todavía más sobre el conflicto entre Marcelo y Felipe.

Pero estaba claro que Marcelo no iba a soltar prenda. Seguía tan astuto como siempre.

...

Sin que pudiera resistirse, la subió a un carro. Él mismo se puso al volante, maniobrando con una destreza que no correspondía a su edad.

...

Mientras tanto, en una habitación del hotel.

Adriana por fin despertó de su siesta. Tocó el timbre de la habitación de enfrente y quien abrió fue Ignacio.

—¿Y tú solo? ¿Dónde está Sabri? —preguntó Ignacio, extrañado al ver que Adriana estaba sola.

Adriana devolvió la pregunta:

—¿Cómo voy a saber yo? ¿No se supone que Sabrina estaba contigo?

De inmediato, Ignacio notó que algo no cuadraba. Sacó su celular y marcó el número de Sabrina, pero solo recibió la voz robótica de la operadora.

La expresión de Ignacio se fue endureciendo con cada intento fallido. Adriana, al notar su inquietud, sintió que el miedo le apretaba el pecho.

—¿No será que le pasó algo a Sabrina? —aventuró, con la voz temblorosa.

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