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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 396

A Anaís se le iluminaron los ojos. ¡Pensó que Saúl por fin iba a desquitarse por ella!

Pero no. Él sacó el celular y marcó a emergencias.

—Bueno, acá se cayó alguien. Manden una ambulancia…

—¡Saúl! —Anaís lo oyó y casi se le sale el coraje a gritos.

A un lado, Cecilia estaba que no podía dejar de reír.

—Señorita Calderón, ¿qué tiene de malo que alguien la lleve al hospital? —preguntó Saúl.

—¡Saúl, fue ella la que me empujó! ¿Por qué no haces algo? ¡Ese es el punto!

Saúl volteó con Cecilia.

—¿La empujaste?

—No. Me da asco tocarla —contestó Cecilia, con cara de inocente.

Saúl se encogió de hombros y le dijo a Anaís:

—Ella dice que no.

—¿Y porque ella lo dice ya se acabó? Saúl, ¿ahora por qué eres tan injusto? ¡Solo le crees a ella! —reclamó Anaís, furiosa.

—Cici es mi prometida. Si no le creo a ella, ¿a quién?

Dicho eso, Saúl miró a Cecilia con ternura.

—¿Qué más quieres de verdura? Dime y yo te la consigo.

—Quiero de esa… y de esa… y también apio del de allá. Un poco.

—Va —respondió Saúl, suave, con una expresión llena de cariño.

Y, para colmo, se fue directo al huerto. Se remangó la camisa, dejó ver esas manos bien marcadas y él mismo se puso a cosechar la verdura para Cecilia.

Un hombre como él, el mero mero de los Rivas, el “señor” intocable de esa familia… ¡ahí estaba, cortando apio!

Si Anaís no lo viera con sus propios ojos, no lo creería.

Ella y Saúl se conocían desde niños; lo tenía bien ubicado.

Antes, aunque le importara alguien, su cara seguía fría.

Con los demás, peor: distante, como si nadie pudiera acercársele.

Pero la forma en la que miró a Cecilia hace rato… era demasiado dulce, demasiado suave. Tan suave que parecía irreal. Eso era algo que Anaís jamás había tenido.

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