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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 397

Anaís puso cara de víctima.

—¿Y qué hago? Ellos tienen un compromiso. Saúl me quiere a mí… pero por ese compromiso no le queda de otra que estar con la señorita Galindo.

—Con razón… entonces esa Galindo sí que no tiene vergüenza, robándole lo que era de la señorita Calderón.

—La señorita Calderón conoció a Saúl primero. La Galindo es la tercera en discordia.

—Y encima viene de familia pobre, sin mundo… hasta la verdura se lleva para sacar provecho. No le llega a Saúl ni a los talones.

Al ver que los empleados hablaban tan mal de Cecilia, Anaís por fin sintió que se desquitaba un poco.

Esteban vio que Saúl llegaba cargando cosas y se acercó rápido para ayudarle.

—Señor Rivas, ¿esto es…?

—Verdura orgánica que pidió la señorita Galindo. Guárdala bien, no la vayas a maltratar.

—Sí, claro. No se preocupe.

Esteban acomodó las bolsas en la cajuela. Nunca se habría imaginado que algún día ese carrazo iba a traer verdura.

Saúl llevó a Cecilia de regreso en persona.

En el camino, preguntó:

—Hace rato… ¿Kevin también estaba ahí? Me dijeron que otra vez lo traías de encargo.

—Sí. Se lo buscó.

—¿Qué te dijo?

—Que tú y Anaís se acostaron.

Saúl se quedó helado.

—¡Puras tonterías! ¡Yo ni la he tocado!

—Aunque la hubieras tocado, da igual. No me importa.

—¿Mi mochila por qué la traes tú?

—La encontró Dante. Ese día yo te estuve buscando como loco.

Cecilia la tomó y vio su celular adentro.

Creyó que lo había perdido y ya se estaba mentalizando para comprar otro.

Recuperar sus cosas se sintió… bien.

—Oye, todavía no me dices: ¿a qué fuiste a Villa San Telmo? ¿Y de dónde conoces a los de Lobo? —preguntó Cecilia.

—El contacto con Lobo siempre lo llevó Dante. Él viaja mucho y se mueve más en eso. No sé ni cómo los ubicó. ¿Te acuerdas de lo de hace dos años, cuando quedé paralítico?

—En realidad me secuestraron. Secuestraron a mi hermano Joaquín y a mí al mismo tiempo… pero mi mamá eligió salvar a Joaquín y me dejó tirado. Esos días fueron un infierno. Me clavaron cosas en el cuerpo, me rompieron las piernas, tenía heridas por todos lados… así como me viste en La Franja del Norte. Fue una cosa horrible.

—Yo quería vengarme, encontrar al que estaba detrás. Luego, con lo que investigó Dante, salió que tenía que ver con un tal Omar, pero ese tipo es resbaloso, no hay manera de agarrarlo. El señor Bastida… o sea, el que tú llamas Lobo, sí podía ayudarme a encontrarlo. Claro, yo también tenía algo que a Lobo le interesaba, así que íbamos a sentarnos a negociar.

—De verdad no pensé que Lobo fuera tu enemigo… que hubiera cuentas entre ustedes. Cada vez que lo pienso… yo queriendo hacer tratos con el que te odia, y ellos allá intentando matarte… me pesa horrible.

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