Anaís puso cara de víctima.
—¿Y qué hago? Ellos tienen un compromiso. Saúl me quiere a mí… pero por ese compromiso no le queda de otra que estar con la señorita Galindo.
—Con razón… entonces esa Galindo sí que no tiene vergüenza, robándole lo que era de la señorita Calderón.
—La señorita Calderón conoció a Saúl primero. La Galindo es la tercera en discordia.
—Y encima viene de familia pobre, sin mundo… hasta la verdura se lleva para sacar provecho. No le llega a Saúl ni a los talones.
Al ver que los empleados hablaban tan mal de Cecilia, Anaís por fin sintió que se desquitaba un poco.
…
Esteban vio que Saúl llegaba cargando cosas y se acercó rápido para ayudarle.
—Señor Rivas, ¿esto es…?
—Verdura orgánica que pidió la señorita Galindo. Guárdala bien, no la vayas a maltratar.
—Sí, claro. No se preocupe.
Esteban acomodó las bolsas en la cajuela. Nunca se habría imaginado que algún día ese carrazo iba a traer verdura.
Saúl llevó a Cecilia de regreso en persona.
En el camino, preguntó:
—Hace rato… ¿Kevin también estaba ahí? Me dijeron que otra vez lo traías de encargo.
—Sí. Se lo buscó.
—¿Qué te dijo?
—Que tú y Anaís se acostaron.
Saúl se quedó helado.
—¡Puras tonterías! ¡Yo ni la he tocado!
—Aunque la hubieras tocado, da igual. No me importa.

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