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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 593

Al llegar a la empresa, Mónica se encontró a Aarón en el checador.

Aarón registró su entrada y se quedó mirándola de arriba abajo, sin disimular.

—Aarón, ¿qué traes? ¿Se te zafó un tornillo o qué? ¿Tengo algo en la cara? ¿Por qué me estás viendo así? —soltó Mónica, de malas.

—Maribel… la neta, no me imaginaba que fueras ese tipo de persona.

—¿Qué tipo de persona? ¿De qué hablas?

—Por dinero haces lo que sea. Aquí conmigo te haces la muy digna, y mira nada más… resultaste ser bien interesada. Te tenía en otro concepto.

—Estás mal de la cabeza.

Mónica lo ignoró y se metió a la oficina.

Al rato llegó Liliana. Últimamente, con solo ver a Mónica, se le revolvía el estómago.

Si Mónica no se iba, la que iba a terminar fuera era ella.

—Órale, vámonos a junta de la mañana —les dijo Liliana a todos.

En poco rato ya estaban en la sala. El objetivo era reportar lo de la semana pasada y ver lo que seguía.

—Ahora viene una estrategia de ventas bien importante. Pónganse las pilas. ¿Quién la va a agarrar? —Liliana barrió con la mirada a todos.

Nadie dijo nada.

Era una friega, con desveladas y sin pago extra. Nadie quería.

Con solo escuchar “estrategia” ya les dolía la cabeza.

—Bueno, pues como nadie se apunta… Maribel, te toca a ti. Y si no te sale, te vas —dijo Liliana.

—Liliana, pero yo nunca he hecho una estrategia. No le sé a eso…

—¿Y qué? Si no le sabes, aprendes. ¿O también quieres que te lleve de la manita? Aquí no mantenemos gente de adorno.

Mónica no supo qué responder.

Al salir de la junta, todos empezaron a comentar entre ellos, pero nadie se acercó a ver cómo estaba Mónica.

En cambio, Aarón sí se le arrimó:

—Maribel, eso está bien pesado. Mejor renuncia, ¿no? Digo… si lo tuyo es ganar dinero acostándote, pues está más fácil.

—¿A poco sí traes muchas ganas de que renuncie?

Liliana la fulminó con la mirada.

—La empresa no necesita inútiles.

Pero Mónica respondió:

—Entre más me digas que renuncie, menos lo voy a hacer. Si tan fácil, dile a los de arriba que me corran, a ver si muy salsa.

Liliana se quedó callada.

Estaba que se la llevaba el coraje.

Tampoco entendía: si de verdad “arriba” querían deshacerse de Mónica, ¿por qué no la despedían y ya? ¿Por qué le aventaban esa bronca a ella?

Y para colmo, Mónica era de las que, entre más la empujas, más se planta.

—Liliana, ya, no te enojes. A lo mejor lo vuelvo a hacer y ya —dijo Mónica, dándole una salida.

***

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