—Sí. Me lo topé en la calle.
—¿Podría cuidarlo un rato? En cuanto regrese la señora, vamos por él. Ahorita no hay quién lo pueda vigilar.
Cecilia lo pensó un momento y aceptó.
—Está bien.
Colgó y miró a Leandro. Ese problemón, hoy, no se lo iba a quitar de encima.
Ya casi era hora de entrar, así que lo llevó a Estudio Cobalto.
En el camino le compró algunas botanas. Ya en Estudio Cobalto, lo dejó instalado en una sala de descanso.
—Sr. Leandro, quédate aquí comiendo, ¿sí? No te vayas a salir ni a andar caminando. Cuando termine, vengo por ti —le encargó Cecilia.
—Va. Pero júralo. Si me mientes, te va a crecer la nariz como a Pinocho.
—Ajá —Cecilia le acarició la cabeza, cerró la puerta y se fue a trabajar.
Toda la tarde anduvo a tope. Miriam le dejó un montón de cosas.
Cuando todavía estaba acomodando los documentos, llegó Isidora.
—¿Todavía no terminas? —preguntó.
—Ya casi.
—Tú ni te enteras porque no te has movido de aquí. En el baño de mujeres apareció un enfermo, un pervertido. Qué miedo. Por suerte me pelé rápido. ¿Cómo dejan entrar a alguien así? No sé para qué están los guardias.
—¿Un pervertido? —Cecilia frunció el ceño.
—Sí. Y ni está feo, parece hasta guapo. Pero el enfermo se puso a espiar cuando una estaba en el baño… y hasta se bajó el pantalón. ¿No está de locos?
A Cecilia se le encendió un foco.
¿Y si era Leandro?
—¡Ya! ¡Déjenlo! —Cecilia se plantó enfrente para detenerlos.
Nomás lo dejó un rato y ya le había armado un desastre.
—Cecilia, ¿por qué me empujas? ¿Qué te pasa? ¡Ese tipo es un pervertido! —reclamó Miriam.
—¡Están equivocados! No es un pervertido. Tiene una discapacidad. No está bien de la cabeza: sufrió un golpe muy fuerte y su mente es como la de un niño de tres años. Si se metió, no fue con mala intención. Ya no le peguen.
—Ah, con razón… está mal de la cabeza.
—Pues sí, pero aun así da miedo.
—¿Y por estar mal de la cabeza ya puede espiar en el baño?
Miriam añadió, sin soltarlo:
—Cecilia, ¿qué te pasa? Se metió al baño de mujeres a espiar y ¿todavía quieres que no le hagan nada? ¿Sabes el susto que se llevó Fermín? ¡Lo vio de frente mientras se subía el pantalón! ¿Y tú todavía lo defiendes? A ver si no son del mismo tipo.

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