Cecilia volteó la cara y se cubrió con las manos.
—Tú… ¿qué te pasa…?
—Perdón, Cici. No fue a propósito —dijo Saúl, apenado.
Se apoyó con las manos y se hizo a un lado.
Cecilia se incorporó, con la cara roja.
—Tú… practica solo. Yo ya me voy.
Saúl se quedó ahí, sin reaccionar.
Al rato, se tocó los labios, como si todavía quedara el rastro de ella.
Los tenía suaves… demasiado.
Y con un aroma ligero.
Saúl se quedó pensando, perdido en esa sensación.
***
A la mañana siguiente, Cecilia se alistó para ir a la escuela.
Marina andaba preocupada.
—Benjamín salió hecho la mocha y se le olvidó el libro de matemáticas. ¿Y si en clase se lo piden?
—Yo se lo llevo. Igual voy para allá; paso por su prepa —dijo Cecilia.
—Gracias, mija.
Cecilia agarró el libro y salió.
Benjamín acababa de llegar a la escuela cuando un coche de lujo se acercó a toda velocidad y se detuvo con una maniobra llamativa. Varios se quedaron viendo.
Alonso se bajó y, al ver a Benjamín, movió las llaves del coche en la mano.
—¿Hoy también viniste en camión? ¿Qué tal mi carro nuevo? —preguntó, con intención.


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