Su compañero le levantó el pulgar.
—¡No manches, qué chingón! ¡A estas alturas y todavía mantienes la calma! ¡Mis respetos, hermano!
Aarón no supo si era un cumplido o sarcasmo. Sin embargo, nadie estaba más emocionado que él. Si Leticia se convertía en la presidenta, ¡segurito lo haría vicepresidente o algo así! ¡Iba a llegar a la cima de un solo salto!
¡Con eso en mente, Aarón empezó a soñar despierto!
Durante toda la mañana, Mónica estuvo encerrada en la oficina en reuniones.
Damián le entregó las riendas de la empresa y la dejó desenvolverse sola, mientras él salía de la sala de juntas. Luego, mandó llamar a Zacarías.
—Presidente, ¿me buscaba?
—¡Zacarías! En privado, ya no me llames presidente, cambia de trato. Si no te molesta, puedes llamarme papá.
Zacarías no supo qué responder.
—Jaja, no te pongas tenso. Siempre te he visto como a mi propio hijo. Te llamé hoy porque quería platicar contigo, hace mucho que no nos sentamos a conversar. Ya me enteré de todo lo que pasó en el Estado de Nueva Cartuja. Si Mónica pudo regresar a salvo, fue gracias a ti y a Cecilia.
—Con todo este asunto, también me di cuenta de que Mónica ha madurado muchísimo, ¡y tú tienes gran parte del mérito en eso! Ahora que tiene un carácter fuerte y decidido, por fin puedo entregarle la empresa con total tranquilidad. De ahora en adelante, ya me puedo retirar a descansar.
—Originalmente, mi plan era organizar su boda en cuanto Mónica asumiera formalmente el control de la empresa. Pero, como ves, acaba de tomar el puesto y tiene muchísimas cosas que resolver aquí, así que por el momento no será posible.
Zacarías se apresuró a contestar:
—Señor Fonseca, no hay prisa. En cuanto a la boda, creo que deberíamos preguntarle a Mónica qué es lo que quiere. Si ella no está de acuerdo...
—¡No! En otras cosas puedo dejarla hacer lo que quiera, pero en esto no. Tú eres el yerno que elegí, nadie más puede tomar ese lugar. Además, este compromiso lo arreglé personalmente con tu padre hace años y no pienso faltar a mi palabra. Aparte de que, genuinamente, te considero un hijo.
—Oh, ¿y quién eres tú? —preguntó Zacarías, divertido.
—Yo soy... —Aarón se quedó sin palabras, pero al pensar en Leticia, enderezó la espalda—. ¡Zacarías, vengo a buscar a la presidenta!
—¿A la presidenta? Las noticias vuelan, ¿eh? Qué rápido te enteraste de que el presidente le entregó el grupo a su hija. —se burló Zacarías.
—¡Así es! Así que más te vale quitarte de mi camino. De hecho, si te disculpas y agachas la cabeza ahora mismo, ¡hasta podría perdonarte!
Zacarías lo miró extrañado.
—¿Estás enfermo de la cabeza? ¿Por qué tendría que pedirte perdón? Además, que el presidente le haya dado el grupo a su hija, ¿qué tiene que ver contigo? ¡Cualquiera que te escuche pensaría que te heredaron la empresa a ti!
—¿Tú qué crees? ¡Soy el novio de Leticia! Ahora que ella es la presidenta de la compañía, ¿no crees que deberías ser más amable conmigo?

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