Resultó que aquel día Isabel había cachado a Sebastián y a Teresa juntos, y se aferró a que entre ellos había algo.
Y hoy el pleito llegó hasta la casa.
—¿Qué estás diciendo? Teresa ya lo aclaró: ¡no es así! Entre ella y Sebastián no hay nada —Marina se adelantó para proteger a su hija.
—Pues claro que no lo va a admitir. ¡Pero todos lo vieron!
Sebastián dio un paso al frente.
—Isabel, ¿ya vas a parar? Yo no hice nada con Teresa. ¿Por qué no me crees? ¿Por qué venir a armarla aquí?
—¿Ah, sí? Si no hiciste nada malo, ¿entonces qué te da miedo? Hasta ahorita sigues defendiéndola. ¡Se nota que no la superas!
—Tú…
Sebastián tenía ganas de soltarle una cachetada.
Pero ahí estaba pura gente de la familia Galindo; si de verdad le pegaba, se iba a poner peor. Al final se aguantó.
—Isabel, lo de ese día ya te lo expliqué mil veces. Sebastián solo me estaba ayudando a buscar a Cici. De verdad no pasó nada entre nosotros. ¿Por qué sigues con lo mismo? —preguntó Teresa.
—¡Ay, por favor! ¿Todavía te atreves a decir eso? ¿A usar a Cecilia de pretexto? Ella está perfecta, bien vivita y coleando; ni desaparecida estaba. Esa vez los caché yo. Y cuando no los veo, quién sabe qué cochinadas han hecho. ¡Qué vida tan miserable me tocó! —Isabel empezó a llorar, haciéndose la víctima.
Facundo Galindo habló:
—Thiago, lo que hizo tu hija es una vergüenza. ¿Cómo pueden salir con algo así? ¡Son familia! Si esto se sabe, ¿con qué cara vamos a quedar?
Thiago le contestó, duro:
—Facundo, Teresa jamás haría algo así. Esto es un malentendido. Y tú sí te estás pasando con la acusación.
Thiago sintió un frío en el pecho. Incluso después de renunciar a la fábrica, su madre seguía viéndolos con desprecio.
—Mamá, yo a mi hija ni con un dedo la toco. Usted no puede pegarle.
—¿Ahora todos me van a llevar la contraria? Yo tengo derecho a corregir a mis descendientes.
La abuela levantó la mano para soltarle una cachetada. Cuando estaba por golpearla, Cecilia llegó.
—¡Alto!
Todos voltearon hacia la puerta.
Isabel, al ver a Cecilia, se puso tensa. De la familia de Thiago, a la única que le tenía miedo era a ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia