—Cici, por fin llegaste —Marina la miró como si fuera su salvación.
—Mamá, tranquila. Aquí estoy yo. A Teresa no la toca nadie; a ver quién se atreve.
Isabel señaló a Cecilia.
—Cecilia, la abuela le está dando una lección. Esto no es asunto tuyo. Te conviene no meterte.
—¿No es asunto mío? Van a pegarle a Teresa, no a ti. Claro que es asunto mío. Y me voy a meter.
La abuela la miró, furiosa.
—Cecilia, si hoy insistes en intervenir, no me culpes si los bastonazos te tocan a ti también.
Cecilia cruzó los brazos.
—Abuela, yo no soy como mis papás, que se dejan. A ver, dígame: ¿qué hizo Teresa para que usted quiera pegarle así?
—Que anduvo seduciendo al marido de Isabel. ¿Eso no está mal? —dijo Olivia.
—Ah, ¿que lo “sedujo”? Entonces mejor le preguntamos al que estuvo ahí. —Cecilia miró a Sebastián—. Sebastián, ¿es cierto?
—Para nada. Entre Teresa y yo no pasó nada. Si van a agarrar a bastonazos a alguien, que sea a mí. No se desquiten con ella —dijo Sebastián, manteniéndose firme.
—¡Mírenlo! ¡Ya la está defendiendo! Y todavía dicen que no hay nada —Isabel estaba que tronaba.
—Isabel, tú estás diciendo que los cachaste. A ver: ¿tienes pruebas? Si las tienes, no solo Teresa debe pagar; yo también acepto los golpes. Saca las pruebas.
—¡Las pruebas son las noticias! ¡Las noticias lo dijeron! ¡Hasta video hay! ¿Eso es mentira? ¡Ese día había un montón de gente viéndolos!
Lo tenía “ganado”, y Cecilia le volteó todo en dos frases.
—La que está torciendo todo eres tú —dijo Cecilia, y barrió con la mirada a todos.
Al final, se la clavó a la abuela.
—Abuela, por algo que ni está claro, usted ya quería pegarle a Teresa. ¿De verdad le parece justo?
La abuela no iba a admitir que se equivocó. Resopló.
—Si la familia se está yendo por mal camino, yo la enderezo.
—Perfecto. Si hablamos de “mal camino”, entonces le pregunto algo: antes, Teresa y Sebastián ya estaban comprometidos, y fue Isabel la que se metió y se lo quitó. ¿Por qué ahí no la castigó? La que empezó todo fue Isabel. En la fiesta de compromiso le robó el prometido a otra. Esa sí fue una vergüenza para todos. En ese entonces usted estaba que se la llevaba el diablo, ¿ya se le olvidó? Y ahora, por algo que ni investigó bien, quiere castigar a Teresa. ¿Con qué lógica?

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