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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 807

—¡Por supuesto que por Ismael! ¡A él le gustabas antes!

—¿Me atacaste por un patán? Si tanto te gusta la escoria de Ismael, quédatelo, nadie te lo va a quitar. ¿Qué necesidad tenías de hacer esto? ¿Hay alguna otra razón?

—¿Qué otra razón habría? ¡Te la pasas seduciendo hombres y simplemente no lo soporto!

—¿Seduciendo hombres? ¿Quién te dijo semejante tontería?

—¡Nuria! Ella me contó que primero anduviste detrás de Ismael, luego te fuiste con Saúl, y después con Lorenzo Urbina. Odio a las mujeres como tú. ¡Hoy solo quería darte una lección!

Cecilia lo entendió todo. ¡Alguien la estaba manipulando desde las sombras!

Ah, maldita Nuria. Si no quería estar en paz, ¡que luego no se quejara de las consecuencias!

—Cecilia, Claudia también fue engañada. Espero que se lo dejes pasar. Que te haya traído aquí con mentiras estuvo muy mal, ¡yo te pido una disculpa en su nombre! —dijo Valeria, juntando las manos en señal de ruego.

—Señora Ledesma, no haga eso, usted no fue quien hizo mal. Pero se lo dejo muy claro hoy: yo no tengo problemas con ustedes. Si no se meten conmigo, no me meteré con ustedes. ¡Pero si no me dejan en paz, van a ver de lo que soy capaz!

Tras decir esto, Cecilia dio media vuelta y se fue.

Valeria casi pierde el equilibrio. Dalila se apresuró a sostenerla por el brazo.

—¡Claudia, me has decepcionado muchísimo! —le recriminó Valeria.

—¿Decepcionada? Pues quédate así. Al fin y al cabo, nunca esperé nada de ti. ¡Tú también me has decepcionado un millón de veces!

Sin decir más, Claudia se largó de ahí.

—Señora, no se lo tome a pecho. Ya conoce cómo es el carácter de la señorita Claudia.

—¡Pero tuvo el descaro de atentar contra Cecilia! Si su padre se llega a enterar, se va a poner furioso.

***

En la casa de la familia Galindo.

Durante años, Nuria siempre había sido la consentida de la abuela, lo que le daba aires de grandeza a Helena.

Ahora que Nuria había caído de su pedestal, la abuela depositó todas sus esperanzas en la familia de Facundo.

Entonces, Isabel intervino:

—Papá, mamá. Yo creo que la abuela ya está grande y no le queda mucho tiempo. En estos días tienen que darle por su lado en todo, al menos hasta que nos deje la herencia.

La familia estaba a la mitad de su conspiración cuando Cecilia irrumpió en la habitación de golpe, dándoles un tremendo susto.

—¡Cecilia! ¿Qué haces tú aquí? —preguntó Isabel, sorprendida.

Facundo de inmediato adoptó su actitud de figura de autoridad.

—Cecilia, qué falta de educación la tuya. Entras así, sin siquiera saludar. ¿De verdad te crees que esta es tu casa?

—Así es. ¿A qué viniste, Cecilia? —cuestionó Isabel, cruzándose de brazos con desprecio.

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