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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 822

Se había entregado de todo corazón a cuidarlo, y si resultaba traicionado, el golpe sería devastador.

Cecilia le tomó la mano.

—Pase lo que pase, yo estaré contigo.

Saúl sintió una paz repentina. La abrazó y la besó en los labios.

Afuera, el sol brillaba en todo su esplendor.

***

Grupo Fonseca.

Mónica preparó a primera hora la propuesta que debía entregarle a Liliana.

Seguía tan ocupada como siempre; era la primera en llegar y la última en irse.

Sus compañeros de oficina empezaron a llegar poco a poco.

Leticia entró irradiando felicidad.

—¡Buenos días, Leticia!

—¡Qué milagro, buenos días!

Todos la saludaban sin parar; si alguien de afuera lo viera, pensaría que acababa de llegar la jefa.

Leticia tenía las mejillas sonrosadas y caminaba con aire de grandeza.

Al recordar que la había visto en la plaza comercial el día anterior, Mónica pensó que lo más seguro era que se hubiera ido a un hotel con Aarón en la noche.

Ya llevaba un tiempo en la empresa y había escuchado que Aarón era todo un casanova.

Varias mujeres de la oficina se habían acostado con él, pero terminaban siendo transferidas o renunciando.

Como era de esperarse, poco después de que Leticia entrara, Aarón hizo su aparición.

Tenía unas ojeras terribles y se veía decaído, como si le hubieran succionado toda la energía y lo hubieran dejado seco.

Mónica frunció el ceño. Se preguntó qué tan intensa había sido Leticia para dejar a Aarón en ese estado en una sola noche.

—Uy, yo diría que sí fallaste con alguien. ¿O no? —Un compañero miró de reojo hacia donde estaba Mónica.

Aarón bufó con desprecio.

—La pendeja de Maribel no cuenta. Al principio me llamó un poco la atención, pero a nadie le gusta de verdad. No tiene cuerpo, no tiene cara... no le llega ni a los talones a Leticia.

Sus compañeros no estaban de acuerdo. Cualquiera con ojos en la cara podía ver que Mónica le daba mil vueltas a Leticia.

—Yo creo que no es cosa de cuerpo ni de cara, sino que no tiene la cartera de Leticia. Güey, si de verdad logras dar el braguetazo y te casas con la heredera de los Fonseca, ¡cuando seas rico no te olvides de los cuates!

—Tranquilos, somos amigos. No me olvidaré de ustedes —dijo Aarón.

En el fondo, suspiró. La noche anterior se había esforzado demasiado para demostrar su hombría.

Tendría que comer algo que le devolviera la energía.

Esa mañana, al salir del hotel, sentía que las piernas le temblaban.

Pero para fingir que tenía una resistencia de acero, se había estado aguantando.

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