—¡Oigan todos! Les tengo un anuncio —dijo Leticia de repente—. Ya viene el fin de semana, así que este sábado los invito a mi casa para festejar un rato y pasarla bien.
Todos se quedaron gratamente sorprendidos.
—¿Leticia, neta nos estás invitando a tu casa?
—¿Escuché bien? ¿Leticia nos invita a su casa?
Leticia sonrió.
—Así es, no escucharon mal. Ya tiene mucho tiempo desde la última convivencia del departamento. Esta vez, nadie pondrá un peso; todos los gastos corren por mi cuenta.
—¡Leticia, eres a todo dar! ¡Claro que voy a ir!
Todos estaban emocionadísimos, ansiosos por que llegara el fin de semana.
Incluso empezaron a murmurar entre ellos:
—¡En toda mi vida he visto cómo es la casa de una familia millonaria!
—¡Aunque este sábado es mi aniversario de bodas, no me lo pierdo por nada!
—¡Qué emoción! ¡No puedo creer que seamos compañeros de la hija de los dueños!
Mónica acababa de salir de la oficina de Liliana.
Al ver a todos en la oficina tan alborotados, no entendía qué pasaba.
—¿Qué onda? ¿Por qué andan con tanta energía? —preguntó Mónica con curiosidad.
Un compañero se volteó a verla.
—Maribel, Leticia nos invitó a su casa este sábado para una fiesta. ¿Vas a ir?
A Mónica no le importó. Tenía una montaña de trabajo esperándola.
—Yo paso. No me interesa —respondió.
Leticia podía invitar a quien quisiera; a ella no le afectaba.
—Maribel, sé que te da pena porque la otra vez le rompiste el vestido a Leticia. Oye, ¿y si le pides una disculpa? Digo, ella ni siquiera te guardó rencor. Somos compañeros, ¿para qué tener un ambiente tan tenso? —le aconsejó el compañero con buenas intenciones.
—Sí, mamá. Voy para allá.
Sin más remedio, Mónica dejó el trabajo a un lado para ir a la mansión.
Justo en ese momento, Leticia estaba guiando a todo el grupo hacia el interior de la lujosa residencia.
En cuanto entraron, todos se quedaron boquiabiertos con la espectacular casa. No paraban de sacar fotos con el celular.
—¡Esta es la famosa residencia de los Fonseca!
—¡Es donde vive el presidente de la empresa! ¡Y nosotros estamos adentro!
—Leticia es muy afortunada. Se nota que es la casa de una señorita de la alta sociedad.
—Apúrense a tomar fotos, las voy a subir a Instagram.
Al verlos emocionados como si nunca hubieran salido de su pueblo, Leticia sintió un profundo regocijo.
—Diviértanse y coman todo lo que quieran hoy —les indicó Leticia—. Pero solo pueden andar por esta zona. Es mejor que no se acerquen a la otra casa de allá.

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