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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 825

A sus ojos, un mayordomo no era más que un sirviente.

Matías soltó un suspiro y se retiró a preparar las cosas.

Leticia siguió atendiendo al grupo y les dio un breve recorrido por esa parte de la casa.

Poco después, Matías mandó a traer una gran variedad de platillos.

Era comida de alta cocina, y todos sacaron sus celulares para fotografiar los banquetes.

Leticia, con una copa de cristal en la mano, brindaba y celebraba con el resto.

—¡Mayordomo, tráeme otra botella de vino tinto! ¡Y que sea la más cara que tengan! —ordenó Aarón, señalando a Matías con un ademán arrogante.

Actuaba con tal prepotencia que parecía el verdadero dueño de la casa.

Matías jamás había tratado con un hombre tan grosero, mucho menos uno que venía de invitado.

Ni el señor presidente ni su propia hija le habían hablado jamás en ese tono; siempre lo trataban con respeto y amabilidad.

Pero al ver a Leticia, Matías solo pudo tragarse el coraje y marcharse por el vino suspirando.

Ya con un par de copas encima, Aarón propuso ir a ver la cochera de los Fonseca.

—¿Leticia, es cierto que tienen un montón de autos de lujo en su cochera? —preguntó.

—Sí... claro.

—¡Pues llévanos a verlos! ¡Para que se nos caiga la baba!

Leticia dudó por un momento.

—Sí, Leticia. Solo hemos visto esos carrazos en la tele. ¡En la vida real nunca he estado frente a una cochera llena de esos autos! ¡Ya que estamos aquí, anímate a llevarnos!

A Leticia no le quedó de otra más que acceder.

—Está bien, vengan conmigo.

Dicho eso, guió a toda la tropa hacia afuera.

Al verlos moverse, Matías pensó que por fin se iban y sintió un inmenso alivio.

—¿Ya van de salida? —preguntó.

—No nos vamos. ¡Leticia nos va a enseñar los autos de lujo en la cochera! —contestó uno de los compañeros.

¡Matías sintió que se le helaba la sangre del terror!

¡Querían ir a curiosear los coches del presidente!

Al ver que su padre estaba a punto de explotar, Leticia se interpuso rápidamente.

—¡Matías, no pierdas la calma!

—Leticia, ¿por qué le hablas con tanto respeto? Eres la hija del dueño, ¡este perro no puede desobedecerte! Si me preguntas, ¡un sirviente tan inútil debería ser despedido a patadas ahorita mismo!

—¡Cállate la boca! —gritó Leticia, furiosa.

Ni siquiera ella podía tolerar semejante falta de respeto.

¿Qué tenía de malo ser mayordomo?

Su padre era mayordomo. ¿Por qué lo llamaba perro?

¿Acaso eso la convertía a ella en la hija de un perro?

—Leticia... ¿por qué me insultas a mí? —Aarón se bajó de su nube de golpe.

—¡Aarón, Matías es una persona mayor y merece respeto! ¿Cómo te atreves a hablarle así? ¡Eres un maleducado!

Al ver que Leticia estaba furiosa en serio, Aarón no tardó en echarse para atrás.

—Perdóname, Leticia. No fue mi intención. Solo quería defenderte. Eres la señorita de la casa y dijiste que nos llevarías a ver la cochera, pero él no quiso hacer caso.

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