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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 840

Mientras hablaba, la abuela sacó un documento de entre sus ropas.

—Thiago, este es mi testamento. Te lo entrego en tus manos.

Thiago tomó el papel y le echó un vistazo. El documento le dejaba a él el control de las empresas más importantes del Grupo Galindo.

De sus bienes personales, le dejaba la mitad exclusivamente a Cecilia. Las sobras y propiedades menores se las repartía a Facundo y Patricio.

—Mamá, ¿no cometiste un error con este testamento? ¿Por qué les toca tan poco a Facundo y a Patricio?

—No hay ningún error. Yo sé muy bien lo que hago. Les fallé mucho a ti y a Cecilia, así que es justo que les deje una porción mayor. Facundo y Patricio son unos inútiles; por más que les dé, lo terminarán despilfarrando. ¡Thiago, en vista de que estoy sinceramente arrepentida, por favor perdóname! —rogó la anciana con voz temblorosa.

Thiago dejó escapar un suspiro.

—Te perdono, mamá.

—¡Qué alivio! He puesto toda mi fe en ti, Thiago. No me vayas a decepcionar. Cuando yo ya no esté, ¡te encargo a la familia! ¡El honor y prestigio de los Galindo dependen de ti!

—Mamá... no digas eso.

—¡Prométemelo! ¡Prométeselo a tu madre!

—Está bien, te lo prometo, pero no te alteres —respondió Thiago, bajando la cabeza con resignación.

—Bueno, haz pasar a Facundo y a Patricio. Aún tengo que dejar todo en orden con ellos o no podré descansar en paz.

Un momento después, entraron Facundo, Patricio y el resto de la familia.

—¡Mamá!

—¡Mamá!

Ambos mostraron una falsa urgencia por el estado de salud de la anciana.

Sin embargo, no dejaban de pasear la mirada por toda la habitación, buscando alguna señal del testamento.

La abuela les dirigió una última mirada antes de cerrar los ojos, dejando escapar unas lágrimas.

—¿A qué te refieres con que todo queda a cargo de él, mamá? —preguntó Facundo.

—Sí, mamá, explícate mejor —secundó Patricio.

¡Pum!

La abuela estiró el brazo de repente y le dio un golpe seco a la mesa de noche.

Todos dieron un respingo del susto.

¿No que ya se estaba muriendo? ¿De dónde sacaba tanta fuerza? Parecía la misma de su juventud.

Desde un rincón, Cecilia la observaba con indiferencia. Sabía perfectamente que era el último chispazo de vida antes del final.

En ese instante, la abuela parecía haber vuelto a sus años dorados, cuando dirigía la familia con mano de hierro.

—Facundo y Patricio, ¡cierren la boca! Como dice el dicho: el hermano mayor es como un padre. Cuando yo falte, más les vale obedecerlo y consultarlo para todo. Nada de ir en su contra. Si se meten en problemas, hablen con él para que lo resuelvan juntos. Quiero que respeten mi testamento al pie de la letra. Si alguien se atreve a desobedecer, ¡les juro que regresaré de la tumba para ajustarle las cuentas! —advirtió la abuela, fulminándolos con la mirada.

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