Thiago habló durante un buen rato, desentrañando el oscuro secreto frente a Cecilia y Marina.
Resultaba que, en su juventud, la anciana se había cobrado dos vidas.
Una de ellas era la del propio padre de Thiago, el abuelo de Cecilia.
Con razón siempre tuvo una presencia tan intimidante. Su carácter era implacable y en la familia Galindo nadie se atrevía a contradecirla.
Nadie osaba desafiarla, pues las consecuencias habrían sido terribles.
Habiendo asesinado en su juventud y tomado las riendas de la familia a la fuerza, era lógico que tuviera ese temperamento y esa mano dura.
—Quién iba a pensar que ocultaba semejantes secretos —suspiró Marina.
—Así es. En el fondo, también sufrió mucho. Viéndolo bien, fue mi padre quien le falló, aunque yo tampoco tenía la culpa. Pagué los platos rotos por décadas. Pero bueno, ya todo quedó en el pasado. Cualquier rencor se fue a la tumba con ella. Yo ya la perdoné.
—Lo único que me pesa es que, antes de morir, me encomendó liderar a los Galindo. Pero ya vieron cómo se portaron Facundo y Patricio; el cuerpo de mamá aún no se enfriaba y ellos solo pensaban en el dinero. Como su hermano, me dio mucha tristeza.
Cecilia ató cabos rápidamente y comprendió lo que en verdad pasaba.
—¿Por qué lo hizo, Cici? —preguntó Marina, intrigada.
—Porque sabe que ahora soy dueña del Grupo Alcántara. Sabe que nuestra familia ya no es la misma de antes, que ahora estamos en otro nivel. Esa limosna de herencia que me dejó no me importa en lo más mínimo, y ella lo sabía; solo intentaba quedar bien conmigo. Y si te dejó la mayoría de las acciones del Grupo Galindo, fue única y exclusivamente para obligarte a sostener la empresa y mantener a las familias del tío Facundo y el tío Patricio.
—Ambos tienen acciones en el Grupo Galindo. Aunque no sean tantas como las tuyas, mientras la empresa no quiebre, ellos siempre recibirán dividendos y podrán vivir como reyes el resto de su vida. Como yo dirijo el Grupo Alcántara y soy tu hija, era obvio que te apoyaría incondicionalmente si asumías el control. El Grupo Galindo se habría ido a las nubes y, por consecuencia, el tío Facundo y el tío Patricio se harían ricos sin mover un dedo.
—Esa fue la última jugada de la anciana. Si no se hubiera enterado de que el Grupo Alcántara era mío, jamás te habría dejado un peso, y mucho menos a mí. Conozco su forma de pensar a la perfección. En pocas palabras, te usó. En el fondo, siempre te odió a ti y a toda nuestra familia.
—Era una mujer controladora que no toleraba la más mínima rebelión. Y mira nada más, en nuestra casa todos le llevamos la contra; especialmente yo, que le armé un escándalo en la mansión más de una vez. Antes de mis dieciocho años ni siquiera la conocía. ¿Por qué de repente sería tan generosa conmigo como para dejarme una fortuna?

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