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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 855

¡Pum!

Liliana dio un fuerte golpe en el escritorio con la palma de la mano.

—¿Y tú quién te crees para venir a reclamarme? ¡Si no te gusta, pues lárgate de aquí! ¡Vete! No me estés estorbando la vista. Yo soy tu jefa y aquí se hace lo que yo digo. Además, a tu proyecto le tuve que hacer varias correcciones; si no fuera por mí, ¡ni siquiera lo hubieran aprobado!

Mónica estaba a punto de estallar del coraje.

—Liliana, sé perfectamente qué intenciones tienes, pero te aseguro que esto no se va a quedar así. ¡Más te vale que vayas empacando tus cosas, porque la que se va a largar de aquí eres tú!

Dicho esto, Mónica se dio la media vuelta echando chispas.

Le dio una patada a la puerta y salió de la oficina.

—¿Y esta quién se cree que es? ¡Todavía me hace sus berrinches! —masculló Liliana indignada.

Al salir, Mónica se topó de frente con Aarón y le gritó:

—¡Hazte a un lado!

Aarón se quedó sin palabras.

¡Pensó que Mónica había perdido la cabeza!

Aunque bueno, ¡él también estaba a punto de volverse loco!

Con todas las deudas que tenía encima, si Leticia no regresaba pronto a la familia Fonseca, ¡él sí que iba a perder la razón!

Ya les había pedido dinero prestado un montón de veces a varios compañeros del trabajo.

A esas alturas, ya nadie quería prestarle ni un centavo.

Por otro lado, Mónica salió del departamento de ventas y subió directamente al piso treinta y dos, rumbo a la oficina de presidencia.

Entró de golpe en la oficina de Damián Fonseca.

—¡Papá! —exclamó Mónica con voz fuerte.

De pronto, se dio cuenta de que había otras personas con él en la oficina.

—Mónica, ¡qué maneras son estas de entrar a la carrera! —la reprendió Damián con tono suave.

Los rostros de Jeremías y Ariel cambiaron de inmediato.

Ariel intervino:

—Mónica, ¿qué tratas de decir con eso? Nosotros solo buscamos lo mejor para la empresa. Aún eres joven, ¡no entiendo por qué tanta prisa!

—Más bien, yo creo que los que tienen prisa son ustedes. Si no, ¿por qué mandaron a gente a hacerme la vida de cuadritos durante mis prácticas? Aguanté estoicamente los cuatro meses completos, ¡ya estuvo bueno de tantas trabas!

—Además, tío Jeremías, ¿tú fuiste el que mandó a esa gente a atacarme la vez pasada en el Estado de Nueva Cartuja, verdad? Ni intentes negarlo, tengo pruebas de sobra en mis manos y, si quieres, te las puedo mostrar en este preciso instante —les espetó Mónica, furiosa.

Si hubiera sido antes, jamás habría tenido el valor para enfrentarles.

Pero ahora que había estado al borde de la muerte, ¡ya no le tenía miedo a nada!

Solo se trataba de una empresa. A quien se atreviera a interponerse en su camino, lo iba a aplastar sin piedad.

—Mónica, ¿de qué estás hablando? ¿Cuál ataque en el Estado de Nueva Cartuja? —preguntó Damián, completamente desconcertado.

—Papá, llegados a este punto, ya no te voy a ocultar nada. Hace tiempo me engañaron y me llevaron al Estado de Nueva Cartuja para venderme y obligarme a cometer fraudes. Después, cuando el tío Jeremías se enteró de que yo estaba atrapada allá, se contactó con los grupos armados de la zona y mandó a que me atacaran. Por pura suerte logré salir con vida y regresar. Él creyó que había hecho el crimen perfecto, pero de todas formas logré conseguir las pruebas. Simplemente no dije nada por respeto al apellido Fonseca que compartimos. Pero ahora, viendo cómo el tío Jeremías y su grupito quieren pasar por encima de mí, ya no me voy a quedar callada, te lo tenía que decir...

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