En aquel entonces, Cecilia se preguntaba por qué Lobo se había llevado a Martina.
Que se llevara a Teresa tenía sentido, era su hermana y obvio iría a rescatarla.
Pero para cualquiera, Martina no tenía nada que ver con ella.
Probablemente fue en ese momento cuando Lobo se contactó con Martina y le contó lo de su hermano.
Cecilia volvió a fijar la vista en Martina. —Entonces... ¿ya sabías lo de tu hermano desde hace tiempo? Esa vez en tu pueblo, la foto de él... la dejaste ahí a propósito para que yo la viera, ¿verdad?
—Así es, lo sabía todo. Y tú me orillaste a esto. Al principio, cuando Lobo me propuso aliarme con él, lo rechacé. Lo hice porque les tenía cariño a ti y a Camilo. Pero ahora me he quedado sin nada, ¡y encima tratas de maravilla a la estúpida de Berta!
—Se suponía que yo era tu única amiga. Ambas odiábamos a Berta. Pero de buenas a primeras, te volviste inseparable de ella. ¡Ya te valgo madres! ¡A ninguno de ustedes le importo!
—¡Me embaracé de Camilo y me rechazó! ¡Solo te ama a ti, a mí no! ¡No es justo! ¡No manches, qué hice para merecer toda esta porquería! —bramaba Martina fuera de sí.
Cecilia le echó un vistazo a su vientre y notó algo raro.
—Tu... tu bebé...
Martina esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo. —Mi bebé... ¡Mi bebé ya no existe!
Aquel día, salió corriendo mientras llovía a cántaros.
Caminaba como alma en pena por la calle desierta.
Pero de la nada, salieron dos vagabundos de la orilla del camino.
Al verla sola, sus bajas pasiones afloraron.
La arrastraron hacia unos matorrales y abusaron de ella.
Gritó con todas sus fuerzas, rogando que Camilo apareciera para salvarla, ¡pero nadie llegó!
¡El terror la consumió, se sintió completamente desamparada!
Y justo en su peor momento, Lobo se la llevó.
—Lobo, tú mandaste a hacer eso, ¿verdad? ¡Tú contrataste a esos vagabundos! —le reclamó Cecilia.
Lobo se lavó las manos. —No tengo idea de qué hablas.
—Martina, por favor... no te dejes engañar por Lobo. Es una víbora traicionera. Te apuesto a que él planeó todo tu sufrimiento solo para usarte en mi contra. Además, Lobo fue el culpable de la muerte de tu hermano Ramiro. ¡Él es tu verdadero enemigo!
—¡Ay, por favor! ¿Crees que me voy a tragar ese cuento? Ustedes dos me dan asco, sobre todo Camilo. Está tan obsesionado contigo que, si te mueres, ¡me encantaría verle la cara de sufrimiento! —respondió Martina con una sonrisa glacial.
Cecilia se dio cuenta de que ya no había forma de hacerla entrar en razón.
Y era lógico. Sufrió el rechazo de Camilo, fue ultrajada por dos vagabundos y perdió a su bebé.
Nadie podría soportar una serie de golpes tan devastadores.
De pronto, Cecilia levantó la vista y habló con firmeza: —Martina, dejando a un lado lo de tu hermano Ramiro, aquí nadie te debe nada. ¡Ni siquiera Camilo! Ya que estás tan aferrada a tu venganza, te voy a soltar la verdad.

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