—¿Acaso es un tonto? Pregúntenselo ustedes mismos, ¿lo es? ¡Está fingiendo! ¡Mi parálisis de aquel entonces fue obra suya!
Al escuchar esto, todos se quedaron boquiabiertos.
¡Zoe y Kevin se quedaron pasmados!
De por sí, con la caída de Ainhoa durante el día, madre e hijo estaban tan contentos que ni podían dormir. Y para colmo, que ocurriera algo así en la noche los dejó aún más despabilados.
—¿Qué tonterías dices? Mi hijo ha estado mal de sus facultades durante tantos años, ¡no vengas a echarle la culpa con crímenes inventados! —negó Valeria rotundamente.
—Si es tonto o no, ¡pregúntenselo a él!
Cristian miró a Leandro, y todos clavaron la mirada en él.
Tras unos segundos de silencio, Leandro también soltó una risa fría.
—Tiene razón, estaba fingiendo. ¿Ya están contentos?
Todos se quedaron sin palabras.
Zoe abrió la boca de par en par, incapaz de creerlo.
¡Resultaba que todos los insultos que le decían en la cara a Leandro, él los había entendido perfectamente!
Incluso, al creer que era tonto, no se habían escondido de él para planear sus intrigas, ¡así que lo había escuchado todo!
¡Qué locura más grande!
—Tú... ¿de verdad estabas fingiendo? —preguntó Kevin con incredulidad.
Leandro fulminó con la mirada a Cristian; sus ojos rebosaban odio hacia sus propios padres.
—Especialmente tú, Cristian. Antes no eras nadie, y solo lograste subir de posición suplicando el amor de la mujer más hermosa de la ciudad. Le arrebataste el patrimonio a la familia Ledesma, planeaste la muerte de mis abuelos y de mis dos tíos maternos; llevas en tu conciencia la sangre de mis familiares. ¡Nunca trataste a tus hijos como seres humanos!
Tras decir eso, Leandro miró a Zoe.
—Y tú, no te creas que eres una santa. Solo lograste tu lugar porque tienes una cara parecida a la de esa mujer. ¡Tú fuiste la culpable de que mi hermano mayor tuviera aquel accidente de coche en el extranjero! Tenías miedo de que el hijo mayor heredara el patrimonio, así que querías irle abriendo camino a tu propio hijo.
Zoe miró a Leandro horrorizada; ella había hecho todo eso con mucho sigilo, ¿cómo era posible que él lo supiera?
—¿Te preguntas cómo lo sé si fuiste tan cuidadosa? ¡Ja! Eres una mujer sin cerebro, ¿de verdad creíste que hiciste un trabajo perfecto? La realidad es que alguien te ayudó a limpiar tu desastre, y ese alguien fue Cristian. ¡Cuando se enteró de lo que querías hacerle a mi hermano, él lo permitió!
—Porque le costó mucho trabajo adueñarse de las empresas de la familia Ledesma, ¡así que jamás iba a permitir que el hijo de Valeria heredara todo! Por eso, después de que cometiste esas atrocidades, él te encubrió desde las sombras. De no ser así, después de tantos años y de contratar a tantos investigadores privados, ¿cómo es que nunca pudimos descubrir la verdad?

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